En los últimos años, las fibras han emergido como un nutriente clave en la alimentación, desplazando el protagonismo de las proteínas. La industria alimentaria está respondiendo a esta tendencia con productos enriquecidos en fibra, impulsada por un creciente interés en la salud intestinal y el bienestar digestivo, una práctica conocida como “fibermaxxing”.
Este enfoque implica aumentar intencionalmente el consumo de fibra a lo largo del día, buscando mejorar la salud intestinal, prolongar la sensación de saciedad y favorecer el control glucémico. El interés en la microbiota intestinal y su conexión con el metabolismo ha sido un factor importante en esta tendencia.
Investigaciones recientes, incluyendo un informe publicado en la revista científica The Lancet, han demostrado que el consumo de entre 25 y 29 gramos de fibra al día se asocia con una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y mortalidad general. Sin embargo, la ingesta promedio de fibra en la población aún se encuentra por debajo de las recomendaciones, que varían entre 25 y 38 gramos diarios, dependiendo de la edad y el sexo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las fibras solubles juegan un papel importante en la reducción de la absorción de glucosa y colesterol, contribuyendo al control metabólico.
