Más de 500 estaciones de servicio en toda Australia se han quedado sin combustible. El gobierno ha declarado el estado de emergencia nacional, liberado reservas estratégicas, reducido los estándares de calidad del combustible y está considerando la posibilidad de racionamiento.
El precio de la gasolina ha alcanzado los 238 centavos por litro, mientras que el diésel se vende a 245 centavos. Algunos distribuidores regionales informan de precios que alcanzan los 4 dólares por litro.
Se trata del aumento de precios del combustible más rápido en el mundo desarrollado desde el inicio de la guerra actual. Australia importa el 90% de su combustible refinado de refinerías asiáticas que dependen del crudo proveniente de Oriente Medio. El petróleo que llega actualmente al país ya había partido del Golfo Pérsico antes de que comenzaran los conflictos, y las reservas se están agotando rápidamente.
Australia cuenta con reservas de diésel suficientes para apenas 26 días. Es el único miembro de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que no ha cumplido con la obligación de mantener reservas para 90 días desde 2012. Seis petroleros con destino a Australia han sido cancelados o reprogramados, y países como Corea del Sur, Singapur y Malasia están reteniendo sus propias existencias.
La AIE ha calificado la situación como la mayor interrupción del suministro energético global desde los choques petroleros de la década de 1970. Según Goldman Sachs, la situación actual es incluso peor que la combinada de 1973 y 1979, crisis que provocaron recesiones, colas para el racionamiento y un colapso político en todo Occidente.
Australia tiene reservas de gasóleo suficientes para solo 26 días y cuenta con dos refinerías que producen menos del 20% de las necesidades nacionales.
