El comercio de fauna silvestre aumenta el riesgo de transmisión de patógenos al ser humano en un 50%
Un estudio reciente publicado en la revista Science ha revelado que el comercio de animales silvestres, que involucra a una cuarta parte de las especies de mamíferos del mundo, incrementa significativamente el riesgo de transmisión de patógenos entre animales y seres humanos. La investigación, liderada por expertos de la Universidad de Yale, la Universidad de Maryland y la Universidad de Idaho, analizó datos de importaciones y exportaciones legales e ilegales de los últimos 40 años.

Los resultados indican que los mamíferos silvestres tienen una probabilidad 1,5 veces mayor de compartir fuentes de infección con los humanos. Según Jérôme Gippet, primer autor del estudio, aunque el riesgo de infección es casi nulo al usar productos finales como teclas de piano de marfil o prendas de piel, el peligro real reside en el inicio de la cadena de suministro: los procesos de caza, desollado y transporte.
Impacto del comercio ilegal y la duración del mercado
El estudio destaca que el comercio ilegal y el tráfico de animales vivos amplifican este riesgo en un 50%. Un hallazgo crítico es la relación entre el tiempo de permanencia de una especie en el mercado y la probabilidad de transmisión; Gippet señaló que, en promedio, por cada década que una especie permanece en el mercado, se comparte un patógeno adicional con los humanos.
Cleo Bertelsmeier, líder de la investigación, subrayó que este fenómeno invita a reflexionar sobre los hábitos de consumo. La investigación, que también contó con la participación del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Lausana, advirtió que el comercio fomenta las invasiones biológicas, dañando los ecosistemas locales y afectando a otras especies y personas.
Nuevas tendencias y riesgos zoonóticos
El estudio observó que la tendencia de adquirir mascotas exóticas, impulsada por las redes sociales, ha llevado a nuevas generaciones a comprar animales como zorros fennec, nutrias, erizos pigmeos africanos, gatos leopardo y zorros voladores. Como ejemplo de los riesgos asociados, se mencionó el brote de viruela del mono en 2003, originado por la venta de perritos de la pradera como mascotas.
Los investigadores concluyeron que el contacto frecuente es la clave determinante en la transmisión de bacterias y parásitos. Ante esto, hacen un llamado a actualizar los sistemas de vigilancia biológica, que actualmente se centran más en la prevención de la extinción que en la detección de enfermedades, con el fin de bloquear el intercambio de patógenos y evitar posibles pandemias, similar a lo ocurrido con el COVID-19.
