Chiang Mai está enfrentando una crisis de contaminación sin precedentes en 2026, con niveles de PM2.5 que superan ampliamente los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud. La ciudad ha ocupado repetidamente el primer lugar en los rankings globales de calidad del aire durante el mes de marzo, impulsada por la quema agrícola de campos de arroz, caña de azúcar y maíz, así como por incendios forestales en la región.
El humo proveniente de Laos, Myanmar y Camboya, combinado con la geografía de Cuenca de Chiang Mai y condiciones meteorológicas estancadas, ha atrapado la contaminación cerca del suelo, elevando el Índice de Calidad del Aire (AQI) a niveles peligrosos. El 29 de marzo, Chiang Mai alcanzó un AQI de 263 según IQAir, con una concentración de PM2.5 de 188 microgramos por metro cúbico. El 30 de marzo, la ciudad volvió a encabezar el ranking mundial con un AQI de 233, clasificada como «Muy poco saludable» para todos los grupos de población.
Para mediados de abril, la situación seguía siendo crítica, con lecturas de PM2.5 que superaron los 400 microgramos por metro cúbico en algunos puntos de monitoreo, muy por encima del límite diario de la OMS de 15 microgramos. Treinta y nueve provincias tailandesas registraron niveles de contaminación por encima de los niveles seguros, siendo las del norte las más afectadas.
Ante el agravamiento de la crisis, las autoridades han ordenado intensificar las acciones contra la contaminación por PM2.5. El primer ministro ha anunciado una prohibición vinculada a las importaciones agrícolas asociadas con prácticas de quema y ha expresado su apoyo al proyecto de Ley de Aire Limpio.
El impacto de la contaminación se extiende más allá de la salud pública. En localidades como Pai, el turismo ha colapsado debido al haze peligroso, que ha disuadido a visitantes nacionales e internacionales. Incluso las celebraciones de Año Nuevo en Chiang Mai se vieron afectadas por la combinación del smog y el aumento de precios relacionado con conflictos regionales.
Los expertos advierten que las partículas PM2.5, por su tamaño microscópico, representan un riesgo inmediato para los pulmones, no solo a largo plazo, y exigen medidas urgentes para proteger a la población frente a una emergencia sanitaria activa.
