La hembra del pez ángel posee un aparejo bioluminiscente que funciona como un señuelo irresistible tanto para sus presas como para sus parejas potenciales. Esta estructura, conocida como elicio, no solo atrae organismos más pequeños para alimentarse, sino que también juega un papel crucial en la reproducción, donde los machos diminutos se adhieren permanentemente al cuerpo de la hembra para fertilizar sus huevos.
Según investigaciones recientes, este mecanismo evolutivo permite a la hembra del pez ángel «tenerlo todo»: combina una estrategia de caza altamente eficiente con un sistema reproductivo único en el reino animal. La bioluminiscencia del señuelo, producida por bacterias simbióticas, emite una luz azul-verde que penetra las profundidades oceánicas oscuras donde habita esta especie.
El pez ángel femenino desarrolla este apéndice modificado de la espina dorsal, que mueve de manera rítmica para imitar el movimiento de presas vulnerables. Tanto el CBC como The New York Times y BBC Wildlife Magazine destacan que esta adaptación no se limita a la captura de alimento, sino que es integral para su supervivencia y reproducción en el ambiente extremo de las profundidades marinas.
