Según estudios recientes, la enfermedad de Parkinson podría mostrar signos en el sistema digestivo mucho antes de que aparezcan los síntomas motores característicos, como el temblor. Investigaciones realizadas por científicos de la University College London (UCL) y publicadas en la revista «Nature Medicine» indican que ciertos patrones en la composición del microbioma intestinal podrían servir como señal de alerta temprana para identificar a personas con riesgo aumentado de desarrollar Parkinson.
El estudio analizó datos clínicos y muestras de heces de 271 personas diagnosticadas con Parkinson, 43 individuos sin síntomas pero portadores de una variante genética específica (GBA1) que incrementa el riesgo de la enfermedad hasta 30 veces, y 150 personas sanas como grupo de control. Los investigadores encontraron diferencias significativas en la abundancia de 176 especies bacterianas entre pacientes con Parkinson y participantes sanos. De estas, 142 variantes también se observaron alteradas en los portadores asintomáticos de la variante GBA1, lo que sugiere que los cambios en el microbioma intestinal ocurren antes de la aparición de síntomas clínicos.
Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que el origen de la enfermedad de Parkinson podría estar relacionado, al menos en algunos casos, con alteraciones en el intestino, años antes de que afecte al sistema nervioso central. La detección temprana mediante análisis del microbioma podría permitir intervenciones preventivas en personas con predisposición genética, aunque los investigadores señalan que se necesitan más estudios para validar este enfoque como herramienta de diagnóstico.
