Para muchas mujeres negras, la maternidad no siempre se manifiesta de la manera tradicional. En lugar de ello, algunas están encontrando un refugio emocional, estabilidad y un sentido de propósito a través de la «maternidad canina», una forma de cuidado que ofrece un amor recíproco y sostenible en un mundo a menudo hostil.
Esta conexión no es casualidad. Diversas investigaciones indican que la interacción con los perros puede reducir los niveles de cortisol y aumentar la oxitocina, la hormona vinculada a la regulación emocional y la creación de vínculos afectivos. Sin embargo, para muchas mujeres negras, el impacto trasciende la biología para convertirse en un soporte vital frente a traumas y presiones sociales.
Un ancla en tiempos de crisis
Para Donnetta Monk, su perro Teddy llegó en un momento de profunda desorientación tras graduarse, marcado por la incertidumbre, el desamor y una crisis de identidad. «Creo que, como mujer negra, a veces es difícil sentir ese tipo de estabilidad y él me la dio», explica Monk. Para ella, Teddy representa un amor puro, libre de prejuicios: «Él no me mira como ‘esta mujer negra’ o una ‘mujer negra enojada’. Él ve que soy su madre, ve a la persona que le da amor y él me lo devuelve».

Este sentimiento de seguridad fue fundamental cuando Monk se trasladó a Wisconsin por motivos laborales, donde era la única mujer negra en su empleo. Sin saberlo, se instaló en una zona de una ciudad notoriamente segregada con una fuerte presencia del KKK. Monk relata haber sido blanco de ataques raciales y haber vivido la traumática experiencia de ver a personas con túnicas blancas protestando en la esquina de su hogar.
En medio de una depresión severa que la llevó a terapia, Teddy se convirtió en su protector emocional. «Había noches en que lloraba preguntándome qué decisión había tomado, y Teddy venía a lamer mis lágrimas», recuerda. Monk lo describe como su «ángel guardián» y el apoyo esencial que evitó que se sintiera completamente sola durante esa transición vital.
Sanando el duelo a través del cuidado
Para Traci E. Williams, de 61 años, la llegada de Friday —un mini golden doodle de dos años y medio— ocurrió durante un periodo de dolor visceral. En 2021, solo dos días antes de su cumpleaños, su hijo murió mientras cruzaba la calle para volver a casa del trabajo. Esta tragedia se sumó al duelo por la muerte de su esposo unos años antes y al sufrimiento de ver a su hija llorar a su hermano y mejor amigo.
«Eso me afectó profundamente; me derribó», recuerda Williams. Tras buscar inicialmente perros Yorkie, encontró a Friday, una unión que describe como una «alineación divina». Friday se convirtió en una pieza clave de su sistema de salud mental. «Sin Friday, y también sin mi terapia, yo no estaría aquí porque me sentía muy suicida, muy triste y muy retraída», confiesa.
Williams enfatiza que ser una «madre de perros» requiere un compromiso profundo y sincero, tanto financiera como mental y emocionalmente. Para ella, Friday es su mejor amigo y una fuente de alegría no solo para ella, sino para los demás; el perro suele atraer sonrisas en público cuando realiza trucos, como caminar sobre sus patas traseras.
La extensión de un instinto protector
Queen Chela Demuir, de 55 años, fundadora y directora ejecutiva de la Unique Woman Coalition, integra plenamente a sus dos schnauzers miniatura, King Pharaoh (12 años) y Prince (2 años), en su vida familiar, incluso con comidas preparadas y una habitación propia en la casa.
Demuir reflexiona sobre el rol histórico de las mujeres negras, señalando que a menudo sienten la responsabilidad de «salvarlo todo»: la comunidad, la cultura y el mundo, interviniendo donde los sistemas fallan. Desde esta perspectiva, extender ese instinto de protección y nutrición hacia los animales es una extensión natural de su identidad. «Criar animales es tan válido como cualquier otra cosa», afirma.
Una alternativa sostenible
Lejos de ser un simple «ensayo» para la maternidad humana, para muchas mujeres este vínculo es el objetivo final. La maternidad canina ofrece una versión del cuidado que es recíproca sin ser absorbente, permitiendo nutrir a otro ser sin el sacrificio total ni las tensiones financieras, emocionales y sociales que afectan desproporcionadamente a las madres negras.
Más que renunciar al cuidado, se trata de elegir una forma de afecto que resulte sostenible. Es la oportunidad de expandir la familia con seres que aman incondicionalmente, sin exigir perfección ni excepcionalidad, brindando una compañía y una alegría que, en el contexto actual, resultan invaluables.
