La mayoría de los científicos que trabajan en inteligencia artificial (IA) no operan desde torres de marfil académicas, sino que desarrollan sus proyectos en empresas tecnológicas, según un estudio reciente publicado en la revista Nature. El 60% de los investigadores en IA con mayor impacto global están vinculados a compañías como Google, Meta, Microsoft o DeepMind, mientras que solo el 20% pertenece a universidades o centros de investigación independientes.
¿Por qué las empresas dominan la investigación en IA?
Según el análisis de Nature, el acceso a datos masivos, infraestructura computacional y capital de riesgo son los principales motivos que atraen a los expertos hacia el sector privado. «Las empresas pueden ofrecer recursos que las universidades simplemente no tienen», declaró a la revista el investigador Daniel Ziegler, quien trabaja en DeepMind. Además, el estudio destaca que el 75% de los avances más citados en IA en los últimos cinco años provienen de laboratorios corporativos, frente al 15% de origen académico.
El informe también revela que el 80% de los papers más influyentes en IA son publicados por equipos de empresas, aunque muchos de ellos incluyen colaboradores de universidades. Esto refleja una tendencia hacia la open science en la industria, donde las compañías comparten resultados para ganar prestigio, aunque mantienen bajo estricto control los algoritmos y modelos más avanzados.
¿Qué implica este cambio para la ciencia?
Expertos consultados por Nature advierten sobre los riesgos de una concentración del poder investigativo en manos privadas. «La dependencia de la industria puede limitar la diversidad de enfoques y priorizar objetivos comerciales sobre el interés público», señala la socióloga de la ciencia Helen Longino, de la Universidad Stanford. Sin embargo, otros investigadores, como el director de IA de Microsoft, Mustafa Suleyman, argumentan que la colaboración público-privada es esencial para resolver desafíos globales como el cambio climático o enfermedades.

El estudio también subraya que, aunque las empresas lideran en innovación, las universidades siguen siendo clave en la formación de talento. El 90% de los investigadores en IA con doctorado provienen de programas académicos, según datos de la Association for Computing Machinery (ACM). Esto crea un círculo virtuoso: las empresas captan a los mejores graduados, mientras las universidades dependen de la industria para mantener sus laboratorios equipados.
¿Cómo afecta esto a la transparencia y ética en IA?
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es que el 68% de los proyectos de IA con aplicaciones militares o de vigilancia masiva son desarrollados por empresas, sin supervisión directa de comités éticos independientes. «Hay una brecha creciente entre lo que se investiga y lo que se regula», advierte el filósofo de la tecnología John Basl, citado por Nature. Mientras tanto, plataformas como arXiv —donde se comparten preprints de investigación— reportan un aumento del 40% en publicaciones de equipos corporativos en los últimos dos años.
El estudio concluye que, aunque la IA generativa —como los modelos de lenguaje— sigue siendo mayoritariamente un producto académico (el 55% de sus avances provienen de universidades), el futuro de la disciplina depende cada vez más de la capacidad de las empresas para escalar soluciones. «El ecosistema de la IA no es binario: academia y empresa se necesitan, pero el equilibrio de poder está cambiando», resume Ziegler.

