El secretario de Defensa, Pete Hegseth, carece de autoridad legal para bloquear los ascensos de altos mandos militares, según la abogada y analista federal Sabrina Haake. En su boletín The Haake Take, la experta sostiene que estas medidas no solo contravienen los protocolos establecidos, sino que responden a un objetivo más profundo: purgar al estamento militar de elementos considerados ideológicamente incompatibles con la administración de Donald Trump.
¿Por qué se cuestiona la legalidad de los bloqueos de Hegseth?
De acuerdo con Haake, quien cuenta con 25 años de experiencia en defensa legal bajo la Primera y la Decimocuarta Enmienda, la autoridad sobre los ascensos militares recae en los consejos de promoción y en los secretarios de los departamentos militares, no directamente en el secretario de Defensa. La abogada subraya que las órdenes ejecutivas vigentes limitan la facultad de destitución del secretario a rangos inferiores a coronel o capitán, excluyendo a los generales y almirantes afectados por las recientes decisiones de Hegseth.

Además, las regulaciones del Pentágono especifican que la remoción de un oficial de una lista de ascensos solo procede ante deficiencias morales, mentales o profesionales comprobables. Según Haake, ninguna de estas condiciones estaba presente en los casos bloqueados por el secretario, a pesar de que los registros militares confirman que los oficiales afectados poseían expedientes ejemplares basados en el mérito.
¿Es la ideología el verdadero motor detrás de la purga militar?
Aunque el análisis mediático predominante se ha centrado en el sesgo racial y de género —dado que una cantidad desproporcionada de los afectados son mujeres y personas de color—, Haake advierte que este enfoque podría ocultar un peligro mayor. La analista sostiene que Hegseth está eliminando a aquellos oficiales que no se alinean con la visión de «máxima letalidad» y los objetivos políticos de Trump.
Haake cita la retórica del propio Hegseth, quien ha insistido en que los oficiales sirven «a placer del presidente» y ha señalado la necesidad de remover a comandantes vinculados a la «cultura» de administraciones pasadas. Para la abogada, este patrón recuerda a las tácticas utilizadas por regímenes autoritarios, como la Alemania nazi o la Unión Soviética de Stalin, donde se subordinó la profesionalidad del ejército a la lealtad política.
¿Qué impacto tendrá la reconfiguración del alto mando?
La preocupación central de Haake radica en que la sustitución de oficiales profesionales por figuras leales podría dejar al país con un estamento militar disfuncional frente a amenazas externas, pero eficaz para la represión interna. La analista enfatiza que, al enfocarse en los «enemigos internos», el secretario de Defensa está desmantelando protocolos legales para fortificar una cúpula militar dispuesta a ignorar la ley.

Finalmente, Haake cuestionó las calificaciones de Hegseth para gestionar un presupuesto de 800 mil millones de dólares y a tres millones de efectivos. Describió al excolaborador de Fox News como un oficial de la Guardia Nacional de nivel medio sin la experiencia en liderazgo militar senior necesaria para dirigir una estructura de tal magnitud.
