Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles midieron la temperatura corporal de un Tyrannosaurus rex mediante el análisis químico del esmalte de sus dientes fosilizados. Los resultados revelaron que el célebre depredador mantenía una temperatura interna cercana a los 36 grados Celsius, similar a la de un elefante moderno.
Durante décadas, la imagen del Tyrannosaurus rex ha experimentado una metamorfosis radical en la cultura popular y en la ciencia. Lejos de la criatura lenta y de sangre fría que tomaba el sol para activarse, las representaciones actuales muestran a un depredador dinámico y aviar. Sin embargo, el mecanismo exacto que regulaba su metabolismo seguía siendo un misterio para los paleontólogos.
La termometría isotópica aplicada al esmalte dental de Thomas
El principal obstáculo al que se enfrentaban los científicos era la imposibilidad de utilizar métodos tradicionales en especies extintas. En investigaciones anteriores, se intentó estimar la temperatura corporal examinando las proporciones de isótopos de oxígeno en los huesos y dientes. No obstante, esos cálculos dependían directamente de la composición química del agua que consumía el animal, un factor imposible de precisar en fósiles con millones de años de antigüedad. El nuevo estudio superó este escollo gracias a una técnica conocida como termometría de isótopos agrupados, introducida hace más de una década por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles.
Este método analiza los minerales de carbonato presentes en el esmalte de los dientes, donde átomos pesados de carbono-13 y oxígeno-18 se enlazan entre sí. La frecuencia con la que ocurren estos agrupamientos depende exclusivamente de la temperatura a la que se formó el mineral dentro del organismo vivo, independientemente del agua exterior. Para llevar a cabo las mediciones, el equipo analizó muestras de varios dientes, incluido uno perteneciente a un ejemplar excepcionalmente conservado conocido como Thomas, ubicado en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.
Datos clave sobre la temperatura interna del T. rex
| Parámetro analizado | Resultado del estudio | Comparación biológica |
|---|---|---|
| Temperatura promedio | Aproximadamente 36 ºC (97 ºF) | Elefantes modernos y humanos |
| Material de estudio | Esmalte dental fosilizado | Mayor resistencia a la alteración química |
| Técnica aplicada | Termometría de isótopos agrupados | Independiente del agua corporal |
Los análisis revelaron que el depredador poseía una temperatura interna media de unos 36 grados Celsius, equivalente a 97 grados Fahrenheit. Aradhna Tripati, geoquímica y coautora del estudio en la Universidad de California en Los Ángeles, explicó que habían averiguado la temperatura que tenía el animal más famoso de todos, un T. rex. Esta cifra se sitúa al mismo nivel térmico que el de los elefantes actuales y muy cerca de los rangos habituales en los seres humanos, que oscilan entre los 36 y los 37 grados Celsius.

Conocer con precisión la temperatura corporal de este gigante prehistórico abre nuevas vías para entender su comportamiento, su hábitat y sus necesidades alimentarias. Mantener un registro térmico estable de 36 grados Celsius le habría permitido al animal desenvolverse con eficacia en gran parte de Norteamérica, adaptándose tanto a zonas cálidas como a regiones más frías, de acuerdo con las proyecciones de los investigadores.

Este control térmico interno también explica cómo la especie pudo expandirse hacia territorios exigentes. Se han descubierto restos de Tyrannosaurus en zonas septentrionales extremas como Alaska, donde las condiciones ambientales del periodo Cretácico habrían resultado intolerables para reptiles dependientes exclusivamente de fuentes de calor externas. Al mismo tiempo, los expertos señalan que un metabolismo endotermo de este nivel exigía un consumo calórico masivo.
Robert Eagle, de la Universidad de California en Los Ángeles, señaló que un T. rex endotermo habría tenido que conseguir considerablemente más comida para sostener su mayor tasa metabólica, pero que también habría sido capaz de mantener una actividad más prolongada para buscar alimento y migrar, además de vivir en entornos más fríos.
Los científicos planean aplicar esta misma metodología de análisis dental a otras especies de dinosaurios para comprobar si la termorregulación hallada en el T. rex constituyó un factor determinante en su supremacía como depredador ápice durante la era mesozoica.
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