Una joven deportista, identificada con el nombre protegido de Carmen, de 16 años, enfrenta una difícil situación que ha afectado su pasión por el deporte. La pesadilla, según relata su familia, comenzó hace poco más de cinco meses.
Carmen inició su trayectoria deportiva a los 3 años en la gimnasia de la Federación Deportiva de Tungurahua (FDT). Posteriormente, probó con el taekwondo, pero una lesión la obligó a cambiar de disciplina. Encontró un buen rendimiento en el tiro al arco, sin embargo, en mayo de 2025, decidió enfocarse en el tenis de mesa.
La joven atleta, buscando mejorar su nivel, recibió apoyo de su madre quien solicitó al entrenador clases particulares. Fue así como se contactaron con un monitor de la FDT, quien cobraba un valor adicional por estas sesiones.
El acoso sexual está tipificado y sancionado con una pena de prisión de tres a cinco años si la víctima es menor de edad, según el artículo 166 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).
Un camino marcado por la adversidad
Inicialmente, todo parecía ir bien y Carmen logró destacar en su primera competencia, obteniendo medallas. No obstante, surgieron los primeros problemas durante un viaje para participar en un torneo, ya que el monitor se oponía a que la deportista viajara acompañada de su representante. Finalmente, cedió ante la insistencia de la madre, quien expresó: “me llamó y me dijo que sí había un espacio para mí y mi hija en el carro, ahí decidí ir porque no la iba a mandar solita”.
El punto de inflexión se produjo un sábado de octubre del año pasado, cuando el monitor citó a Carmen a un entrenamiento. Debido a problemas con su vehículo, la madre no pudo acompañarla al gimnasio, pero se presentó una hora después. Para su sorpresa, encontró las puertas cerradas con llave y las luces apagadas. Al escucharla, el monitor salió y afirmó desconocer cómo se habían cerrado las puertas.
Ese día marcó un antes y un después en la vida de Carmen. En medio del llanto y la desesperación, le reveló a su madre que, presuntamente, el monitor la había encerrado en la oficina del gimnasio, la había arrinconado contra la pared e intentado besarla en varias ocasiones. “Me salvaste mami, eso hiciste, me salvaste”, repetía la menor.
A pesar del trauma, Carmen inicialmente pidió no tomar medidas legales, expresando su deseo de continuar practicando tenis de mesa y superar lo sucedido. Sin embargo, la situación empeoró. Al negarse a recibir clases particulares del monitor, se convirtió en víctima de bullying y segregación por parte del cuerpo técnico y sus compañeros.
La madre de la deportista relató: “Hablé con el metodólogo, con el entrenador y luego me dijeron que el agresor de mi hija salió de la FDT, pero nada mejoró. Ver cómo su ánimo y entusiasmo para todo empezó a decaer me motivaron a poner la denuncia en contra de este hombre que le hizo tanto daño a mi hija, además, porque el trato es insostenible, la hacen a un lado en todo y ahora hasta la ponen a entrenar con personas que no son de su edad y categoría”. Visiblemente afectada, la madre expresó su único deseo: justicia, para que la terrible experiencia de su hija no se repita con otros deportistas.
La denuncia fue presentada ante la Junta Cantonal de Protección de Derechos de Ambato, donde se investiga el caso. Mientras tanto, Carmen cuenta con una orden de protección que impide al presunto victimario acercarse o contactarla.
Se conoció que el sujeto también habría enviado mensajes de contenido ‘cariñoso’ a la adolescente a altas horas de la noche.
Respuesta de la FDT
Desde el área de psicología de la Federación se informó que, al conocer el caso, se activó el protocolo correspondiente. En primera instancia, se separó al involucrado, quien era deportista y monitor de la FDT.
Kevin Espin, psicólogo deportivo de la institución, explicó que, debido a las medidas de protección legales a favor de la deportista, el entrenador está al tanto de la situación y debe garantizar su cumplimiento tanto en los entrenamientos como en las competencias durante el proceso legal.
Se está brindando seguimiento y acompañamiento psicológico y social a la adolescente, y se trabaja con los demás deportistas de la disciplina para evitar que la víctima se sienta aislada o rechazada. A pesar de la reserva del caso, se reconoce que los deportistas están al tanto de lo sucedido.
El departamento de psicología mantiene sus puertas abiertas para deportistas y familias, instando a quienes se sientan afectados o vulnerados a romper el silencio para garantizar su bienestar deportivo, emocional y mental.
Finalmente, se anunció que se fortalecerá el trabajo preventivo con entrenadores, deportistas y padres de familia para identificar señales de alerta y garantizar los derechos de los federados. Si bien los procesos no son inmediatos, se busca canalizar el trabajo oportuno para evitar la discriminación.
El síndico de la FDT, Marcelo Cañar, aseguró que la institución está dispuesta a colaborar con las entidades competentes, entregando toda la información requerida para el desarrollo del proceso legal, reiterando que su objetivo principal es velar por el bienestar de los deportistas.
