La reciente celebración en Vilnius estuvo marcada por la emotividad y el recuerdo colectivo. Antes de que Agnė Grigaliūnienė tomara el escenario, la arena se llenó con la atmósfera romántica de las canciones de Alina Orlova, cautivando al público. Los asistentes, conmovidos por la música, transformaron el recinto en un mar de luces con sus teléfonos móviles.
La aparición de Agnė Grigaliūnienė fue precedida por la proyección de un breve video de su infancia, capturado por sus seres queridos. En sus primeras palabras, la reconocida figura pública evocó: “Este es un tiempo detenido, nuestros recuerdos, el primer verano de una Lituania libre, y con él, nosotros mismos”.
Grigaliūnienė compartió que esos momentos se vivieron en la casa de su tío, un lugar donde florecieron innumerables sueños. “Allí vivía una familia de cuatro personas y nuestra abuela. Había mucha familia, muchos encuentros. Por supuesto, también había música, los cepelinai de la tía Vitalija, papel tapiz calado. Allí vivían los sueños de nuestros padres sobre Lituania”, relató con emoción.
La oradora también rememoró el instante en que las últimas tropas soviéticas abandonaron territorio lituano. “Nuestro país dio sus primeros pasos, aunque aún no eran tan firmes como en nuestros hogares”, concluyó.
