A partir de enero de 2026, EDF ha prohibido el consumo de alcohol en el lugar de trabajo y durante los eventos profesionales [1]. Esta decisión responde a la necesidad de proteger a los empleados (obligación general de seguridad definida en el artículo L4121-1 del código del trabajo [2]) frente a riesgos identificables y evitables, y plantea una pregunta: ¿por qué no generalizar la prohibición del alcohol a todas las empresas, dado que el alcohol estaría detrás de numerosos accidentes laborales y que los rituales sociales no deben prevalecer sobre la seguridad?
1. El alcohol mata en el trabajo.
En 2024, Francia registró 764 accidentes laborales mortales [3]. Aunque los accidentes laborales están disminuyendo ligeramente [4], lo que demuestra un fuerte compromiso de los actores involucrados (representantes del personal, medicina del trabajo, INRS [5], ANACT [6], sindicatos) y una mayor visibilidad del problema impulsada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales [7], esta cifra sigue siendo muy elevada.
El alcohol duplica el riesgo de accidentes graves en hombres que consumen 4 copas al día y en mujeres a partir de 2 copas. Un consumo puntual de 6 o más copas, incluso una vez por semana, aumenta este riesgo en un 50% [8]. Por lo tanto, el alcohol constituye un riesgo probado que debe identificarse en el Documento Único de Evaluación de Riesgos Profesionales [9]. Este documento debe actualizarse anualmente y transmitirse al servicio de medicina del trabajo. Las empresas ya no pueden excusarse con “tradiciones” o “momentos de convivencia” para no actuar. Las reuniones informales, las comidas de empresa y los seminarios con alcohol no son derechos adquiridos, sino riesgos potenciales que deben tenerse en cuenta. Para proteger a los empleados, la prohibición total del alcohol en el trabajo en el reglamento interno de la empresa, una medida legítima y proporcional al objetivo perseguido, permitiría ir más allá de las limitaciones del código del trabajo, que resultan insuficientes. De hecho, el artículo R4228-20 del Código del Trabajo establece que “No se permite ninguna bebida alcohólica en el lugar de trabajo, excepto el vino, la cerveza, la sidra y el poiré”. Por lo tanto, prohibir el alcohol implica establecer un marco más estricto. [10]
2. Alcohol y trabajo: un problema de salud pública, no de cultura empresarial.
En las empresas, entre el 20% y el 30% de los accidentes laborales están relacionados con adicciones (alcohol, tabaco, drogas o medicamentos psicotrópicos), y el alcohol es responsable por sí solo del 10% al 20% de los accidentes laborales. [11]
Sin embargo, pocos empleados en dificultades se atreven a hablar, por temor a sanciones o estigmatización. Más allá de la prohibición, es la prevención y el apoyo lo que falta.
Las empresas deben dejar de banalizar el consumo de alcohol, especialmente en sectores como la construcción, el transporte o la restauración, donde los riesgos son mayores. Es necesario formar a los directivos, colaborar con especialistas en adicciones y ofrecer alternativas sin alcohol. La cuestión ya no es “conciliar” seguridad y libertades individuales, sino hacer de la salud de los empleados una prioridad.
3. La empresa debe asumir su responsabilidad, sin compromisos.
El ejemplo de EDF debería inspirar a otras empresas. La generalización de la prohibición no solo es posible, sino necesaria. Las resistencias, especialmente en las empresas donde el alcohol está arraigado en las costumbres, no son argumentos válidos. Ninguna tradición justifica poner vidas en peligro.
La jurisprudencia es clara: un empleado que bebe durante un evento profesional sigue siendo responsabilidad de su empleador (Tribunal de Apelación de Rennes, abril de 2024 (RG no 21/06884)). La empresa ya no puede eludir su responsabilidad.
4. Una elección de sociedad: salud o malas costumbres.
Francia, país del vino y los aperitivos, se enfrenta a una paradoja: ¿hay que preservar rituales peligrosos o proteger a los trabajadores? La respuesta es evidente. Las empresas no deben limitarse a prohibir: deben educar, prevenir y acompañar.
Esto significa implementar una política de formación, identificar las señales de alerta sin prejuicios ni eufemismos, ofrecer vías de tratamiento con la ayuda de la medicina del trabajo y el comité social y económico, y finalmente, sustituir el alcohol por alternativas en los eventos, sin que esto sea un tabú.
El debate está abierto. Más allá de la prevención del consumo de alcohol, es necesario abordar la lucha contra todas las adicciones en la empresa: prevención, escucha y apoyo en lo que respecta al alcohol, pero también a todas las sustancias adictivas.
Las empresas tienen un papel clave que desempeñar, pero no pueden actuar solas. Deben movilizarse colectivamente a nivel de las ramas profesionales y solicitar la colaboración de los actores locales como la ANACT, la CNAM, la CRAMIF [12] o el INRS.
Corresponde a las empresas, a los interlocutores sociales y al legislador construir conjuntamente una respuesta colectiva, en la que la salud de los empleados debe seguir siendo una prioridad absoluta.
