Las corporaciones de alimentos transnacionales están ampliando cada vez más su oferta de alimentos ultraprocesados etiquetados como “más saludables”, “fortificados” y “funcionales”. Esto incluye desde bocadillos altos en proteínas y bebidas enriquecidas con vitaminas hasta hamburguesas de origen vegetal. Estos productos se promocionan, bajo argumentos de “seguridad nutricional” e “innovación sostenible”, como soluciones a las deficiencias nutricionales y las enfermedades relacionadas con la dieta.
Sin embargo, en la práctica, esta estrategia permite a la industria de alimentos ultraprocesados presentarse como parte de la solución, al mismo tiempo que socava las iniciativas de etiquetado frontal de envases, las restricciones de marketing y las medidas fiscales. Su planteamiento se basa en modelos científicos que priorizan los nutrientes y los alimentos individuales sobre los patrones dietéticos generales.
Centrarse en alimentos ultraprocesados “saludables” representa un retroceso científico y político, ya que fragmenta un mensaje claro y basado en evidencia que debería guiar la comunicación y las políticas: evitar el desplazamiento de las dietas tradicionales, basadas en alimentos frescos y mínimamente procesados, y comidas preparadas en casa, por los alimentos ultraprocesados. Estudios epidemiológicos sobre nutrientes individuales y grupos de alimentos han contribuido a nuestra comprensión…
