La misión Artemis II de la NASA se encuentra en su fase final tras completar un histórico sobrevuelo lunar de 10 días. Esta misión, que despegó el 1 de abril de 2026, representa el primer vuelo tripulado utilizando el cohete Space Launch System (SLS) y la nave espacial Orion.
Un viaje sin precedentes en el espacio profundo
Con una tripulación de cuatro astronautas, Artemis II ha logrado viajar más lejos de la Tierra que cualquier otro ser humano en la historia. El objetivo fundamental de este vuelo es demostrar y probar una amplia gama de capacidades necesarias para misiones en el espacio profundo, sirviendo como un paso crucial para el regreso a largo plazo a la Luna y futuras expediciones hacia Marte.

Este hito construye sobre el éxito de la misión no tripulada Artemis I, realizada en 2022, y marca el primer vuelo tripulado hacia la Luna en 50 años.
El desafío del regreso: la reentrada térmica
Tras completar la primera maniobra de corrección de retorno en el día 7 de la misión, la tripulación dedicó el día 8 a realizar pruebas clave para asegurar el retorno seguro a la Tierra. Sin embargo, el tramo final presenta uno de los mayores retos técnicos de la misión.
Los astronautas se preparan para una reentrada atmosférica descrita como una “bola de fuego”, en la cual la nave deberá soportar temperaturas extremas de hasta 3,000 °C. La supervivencia de la tripulación durante este proceso depende de la capacidad de los sistemas de la nave Orion para gestionar este calor intenso mientras regresan a casa.
Con la culminación de Artemis II, la NASA valida la infraestructura de lanzamiento y transporte necesaria para las próximas misiones de aterrizaje en la superficie lunar.
