Roma, 17 de febrero – Un nuevo fármaco de acción prolongada ha demostrado ser eficaz en el tratamiento del asma grave, tanto en pacientes con comorbilidades como sin ellas, según los resultados de los estudios de fase III Swift. El Dr. Cristiano Caruso, director de la Unidad Operativa de Alergología e Inmunología Clínica de la Fundación Policlínico A. Gemelli Irccs Roma – Universidad Católica del Sagrado Corazón, comenta que los estudios han revelado una reducción estadísticamente significativa de las exacerbaciones, tanto graves como moderadas, así como una disminución de las hospitalizaciones y las visitas a urgencias.
Depemokimab, el primer biológico de acción ultra prolongada aprobado en Europa, se administra cada seis meses y está indicado para dos afecciones: el asma grave con comorbilidades relacionadas con la inflamación de tipo 2, como la rinosinusitis crónica con pólipos nasales. “Tener un fármaco con doble indicación desde el principio –explica el Dr. Caruso– significa poder tratar de forma integral a una amplia población de pacientes, respondiendo a una necesidad clínica hasta ahora solo parcialmente satisfecha, centrándose no solo en el control de los síntomas, sino también en modificar el curso de la enfermedad.”
El tratamiento aborda una necesidad clínica “extremadamente relevante”, ya que aproximadamente 3 millones de personas en Europa sufren de asma grave. Según datos de la Severe Asthma Network Italy, de la cual forma parte el Dr. Caruso, alrededor del 60% de estos pacientes también presentan rinosinusitis crónica con pólipos nasales. Esta comorbilidad contribuye significativamente a las exacerbaciones y rehospitalizaciones, acompañando al paciente a lo largo de todo el curso de la enfermedad.
La principal novedad, destaca el especialista, es el desarrollo de un fármaco más potente que los anti-interleucina-5 anteriores, con características bioquímicas que permiten una duración mucho mayor. Esto permite una administración cada seis meses, lo que tiene un impacto significativo tanto en la adherencia terapéutica como en la calidad de vida de los pacientes. El objetivo de estos tratamientos, aclara, es lograr la remisión clínica y, cuando sea posible, la remisión fuera del tratamiento. En este sentido, se habla de fármacos potencialmente modificadores de la enfermedad, capaces de modular la inflamación basándose en características fenotípicas específicas.
Los estudios Swift 1 y Swift 2, que evaluaron la eficacia del tratamiento, revelaron un aspecto particularmente interesante: un estudio de extensión abierto de 12 meses adicionales, que confirmó no solo la eficacia y seguridad del tratamiento, sino también un posible efecto acumulativo, con mejoras progresivas a lo largo del tiempo. El fármaco también se estudió en la rinosinusitis crónica con pólipos nasales a través del ensayo clínico Anchor. Los resultados mostraron una reducción estadísticamente significativa del Nasal Polyp Score, que mide la extensión de la poliposis mediante endoscopia, en comparación con el placebo.
Los pacientes incluidos en el estudio presentaban una enfermedad grave, a menudo ya sometidos a cirugía o tratados con corticosteroides sistémicos. El tratamiento demostró reducir la necesidad de corticosteroides orales y limitar la necesidad de intervenciones quirúrgicas adicionales, lo que sugiere un efecto modificador de la enfermedad también en la poliposis nasal, tanto en pacientes con asma asociada como en aquellos con poliposis aislada. La investigación clínica está evaluando el uso de la terapia también en otras patologías caracterizadas por inflamación eosinofílica, incluyendo la granulomatosis eosinofílica con poliangeítis y los síndromes hipereosinofílicos. El objetivo final es construir una estrategia terapéutica capaz de cubrir de forma transversal todas las patologías sostenidas por la inflamación de tipo 2 con altos niveles de eosinófilos e interleucina 5.
