La exposición al sol durante el verano no garantiza niveles adecuados de vitamina D en el organismo, según advierten especialistas en nutrición. Aunque los días son más largos y calurosos, factores como el uso de protector solar, el tiempo que pasamos en interiores y la contaminación pueden bloquear la síntesis de esta vitamina, que se produce cuando la piel se expone a los rayos ultravioleta B (UVB).
¿Por qué el sol de verano no siempre es suficiente?
La producción de vitamina D depende de una exposición directa y específica a la radiación UVB, la cual puede verse limitada por diversas condiciones ambientales y personales. De acuerdo con los expertos, el uso constante de protector solar —esencial para prevenir daños en la piel— reduce significativamente la síntesis de vitamina D. Asimismo, pasar la mayor parte del día en espacios cerrados o bajo aire acondicionado impide que el cuerpo reciba la radiación solar necesaria para activar este proceso biológico.
Factores que afectan la absorción
Existen barreras adicionales que dificultan la obtención de esta vitamina incluso durante los meses más cálidos. La contaminación atmosférica actúa como un filtro que absorbe parte de la radiación UVB antes de que llegue a la superficie terrestre. Además, el tono de piel juega un papel crucial: las personas con mayor cantidad de melanina requieren tiempos de exposición más prolongados para producir la misma cantidad de vitamina D que aquellas con piel más clara.
¿Cómo identificar una deficiencia?
La falta de vitamina D suele ser silenciosa, pero puede manifestarse a través de síntomas como fatiga persistente, debilidad muscular o dolores óseos. Dado que la exposición solar por sí sola no siempre basta, los nutricionistas sugieren evaluar la dieta o considerar suplementación en casos donde los niveles sanguíneos sean bajos. Es fundamental realizar un análisis de sangre para determinar el estado real de los niveles de vitamina D en el cuerpo antes de iniciar cualquier suplemento, evitando así la automedicación.




