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Autunno: benessere, luce e introspezione interiore

by Editor de Deportes

Cada año, con la llegada del otoño, algo cambia también en nuestro interior. Día tras día, la luz disminuye, los días se acortan y la oscuridad llega rápidamente, el aire se enfría: avanzamos a paso firme hacia el solsticio de invierno.

Esta transición es vivida con melancolía por muchos, pero en algunas culturas, desde la antigüedad, se considera un tiempo valioso para encontrar la calma y la introspección. En Japón, existe una palabra que expresa perfectamente esta sensación: ‘aki no kehai (秋の気配), “la presencia del otoño en el aire”. No solo indica la estación, sino la sutil percepción que precede al cambio: la luz que se atenúa, el olor a lluvia, el silencio entre las hojas.

Es una forma de observar el mundo que invita a aceptar la impermanencia, en línea con el principio del wabi-sabi, la belleza de las cosas transitorias e imperfectas.

La estación fría como un descanso activo

Si en Japón se habla de aki no kehai (秋の気配), “la presencia del otoño en el aire”, a miles de kilómetros de distancia, en Noruega, existe una palabra similar: høstfølelse. Significa literalmente “sensación de otoño”, pero encierra un significado más profundo.

¿Qué sensaciones evoca la estación otoñal? A menudo asociada a la melancolía, el principal cambio del otoño está ligado a la luz. Pero la estación fría también está conectada con la interioridad, el hogar y la necesidad de calor. Encender una luz en la oscuridad puede convertirse en un gesto simbólico que comienza dentro de nosotros, en el espacio silencioso del mundo interior.

En la cultura campesina, la oscuridad y el frío son aliados de la tierra: marcan la fase de reposo de la naturaleza, un descanso activo que permite a las semillas, plantadas entre septiembre y octubre, enraizar y prepararse para el futuro brote. Es un tiempo misterioso porque está oculto, fuera de nuestro control, pero no por ello inactivo: en las profundidades de la tierra, el ciclo natural continúa su silencioso trabajo. El movimiento vital existe, aunque a la vista parezca invisible.

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Cuando la luz cambia, también lo hace el cuerpo

El otoño es un momento de adaptación también para nuestro organismo. La reducción de las horas de luz solar influye en la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y de serotonina, involucrada en el estado de ánimo. Con menos luz, el cerebro puede producir más melatonina y menos serotonina, causando fatiga, dificultad para concentrarse y una ligera disminución del estado de ánimo. Este fenómeno se conoce como bajo estado de ánimo otoñal o, en casos más marcados, trastorno afectivo estacional (SAD).

Las investigaciones demuestran que el contacto con la luz natural ayuda a regular los ritmos circadianos, sincronizando nuestro reloj interno. Cuando los días se acortan, es útil exponerse lo más posible a la luz de la mañana y mantener hábitos saludables, como la calidad del sueño y la actividad física, para favorecer el equilibrio hormonal. Pero es importante, sobre todo, escuchar a nuestro cuerpo, que puede pedir más descanso y tranquilidad: en los días en que tenemos tiempo libre, planificar aficiones y pasatiempos se convierte en algo estratégico para nuestro bienestar.

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El valor de las estaciones interiores

En Japón, 物の哀れ (mono no aware) es la “sensibilidad por las cosas que pasan”. Es una forma de leer las señales del cambio – una hoja que cae, una luz que se atenúa, un color que muta – como un recordatorio de la naturaleza transitoria de la vida. No es un sentimiento triste, sino una forma de atención amable hacia lo que evoluciona: una invitación a reconocer la impermanencia como parte de la experiencia humana. Aceptar las señales, en lugar de oponerse a ellas, se convierte en un recurso psicológico, ya que ayuda a desarrollar flexibilidad emocional y a vivir los cambios estacionales como momentos de adaptación y escucha interior.

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Cada fase de la vida, como cada estación, tiene un ritmo que respetar. Aceptar la melancolía otoñal y las sensaciones relacionadas con el otoño, a nivel físico y emocional, puede contribuir a la autorregulación emocional. En lugar de obligarse a un torbellino de compromisos, concentrarse en uno mismo se convierte en una forma de cuidado.

Aceptar la transición del otoño significa aprender a vivir en sintonía con los ritmos del tiempo. En este sentido, aki no kehai y høstfølelse no son solo palabras, sino prácticas de bienestar: recuerdan que la calma, la lentitud e incluso la melancolía pueden ser saludables. La estación fría, con sus días de lluvia y la oscuridad que se cierne, es una invitación a descansar, observar y recomenzar, teniendo presente que incluso la sombra enseña a reencontrar el contacto profundo con nuestras emociones sumergidas y con nuestro mundo interior.

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