Bibi recibe más que una receta de Luigi: también un viejo carro de helados, con la condición de que no use sus poderes mágicos. Ella y Claas se enteran de la fiesta por casualidad. Mientras Claas siente curiosidad, Ella teme a las brujas. Cuando el carro de helados sufre un pinchazo, deciden ayudar y lo llevan consigo.
La sorpresa llega cuando el carro desaparece repentinamente, lo que lleva a Bibi a sospechar de un robo y a acusar al señor Meier. Sin embargo, él revela haber visto a Claas y Ella llevárselo, con la intención de ayudar. Un desafortunado accidente hace que el carro termine en el estanque. Con esfuerzo conjunto, logran rescatarlo, y el señor Meier se ofrece a dejarlo como nuevo antes de la llegada de Luigi.
Durante su primer vuelo en la escoba de Bibi, Ella supera su miedo, y la desconfianza inicial se transforma en amistad. Con todo listo, la fiesta puede finalmente comenzar.
