Sin cinismo ni artificios, solo la firme convicción de que la pasión tiene el poder de transformarlo todo. Bajo esta premisa se presenta la película «Billy Elliot – I Will Dance», un drama británico del año 2000 que explora el crecimiento personal y la superación.
Una historia de pasión y lucha
Ambientada en el condado de Durham, al noreste de Inglaterra, durante la huelga de mineros de 1984-1985, la cinta narra la vida de un niño de clase trabajadora con una profunda pasión por el ballet. Esta inclinación choca frontalmente con la postura de su padre, quien se opone basándose en estereotipos negativos sobre los bailarines masculinos, dejando al joven dividido entre su amor por la danza y la desintegración de su familia.
El elenco está encabezado por Jamie Bell, quien interpreta al pequeño Billy de 11 años, acompañado por Gary Lewis como su padre, Jamie Draven en el papel del hermano mayor y Julie Walters como su profesora de ballet.
Detrás de la producción
Dirigida por Stephen Daldry y escrita por Lee Hall —quien adaptó el guion a partir de su obra teatral llamada Dancer—, la producción comenzó su rodaje en el noreste de Inglaterra en agosto de 1999. El proceso de casting fue exhaustivo, ya que se consideraron a cerca de 2,000 niños antes de seleccionar a Bell para el papel protagónico.

El filme fue una coproducción entre BBC Films, Tiger Aspect Pictures y Working Title Films, con una banda sonora compuesta por Stephen Warbeck y la producción a cargo de Greg Brenman y Jon Finn.
Impacto y éxito
Con una duración de 110 minutos y un presupuesto de 5 millones de dólares, la película alcanzó un éxito notable en taquilla, recaudando un total de 109.3 millones de dólares.
