Hace más de 25 años, BMW y Volkswagen protagonizaron una intensa batalla empresarial por la adquisición de las prestigiosas marcas británicas Rolls-Royce y Bentley. Aunque Volkswagen realizó una oferta más alta por la adquisición de Rolls-Royce Motor Cars a Vickers, fue BMW quien finalmente obtuvo los derechos de la marca “Rolls-Royce” y su icónico logotipo.
La clave de esta inusual situación radicó en la propiedad de los derechos de marca. Mientras que Volkswagen adquirió la fábrica de Crewe, los ingenieros y Bentley, los derechos de la marca “Rolls-Royce” y el logotipo “RR” pertenecían a Rolls-Royce plc (la compañía aeroespacial), quienes los licenciaron al negocio automotriz. BMW aseguró estos derechos de marca por 40 millones de libras esterlinas.
Se estableció un acuerdo de transición que permitió a Volkswagen continuar utilizando las marcas hasta el 31 de diciembre de 2002. Posteriormente, BMW lanzó Rolls-Royce Motor Cars Limited, convirtiéndose en el único fabricante de automóviles Rolls-Royce a partir de 2003. Volkswagen, por su parte, consolidó la fábrica de Crewe en torno a la marca Bentley, que sigue siendo propiedad de la compañía alemana en la actualidad.
Esta disputa ilustra la importancia crucial de asegurar los derechos de propiedad intelectual en cualquier adquisición empresarial, ya que puede reconfigurar por completo la dinámica de una industria.
