La boda de Aisha y Romain estuvo marcada por un profundo homenaje a la cultura mexicana, desde la decoración floral hasta los atuendos de los novios. Para el ramo, la novia optó por una paleta cálida en tonos naranja y flores tropicales como aves del paraíso, colores que evocaban la puesta de sol. Un detalle significativo fue la elección de macetas de barro, destacando la tradición alfarera mexicana y el trabajo de artesanos como los representados por Eduardo Garcia Garrido de Sacrobarro.
Aisha demostró una cuidadosa consideración en la elección de sus vestidos. Su vestido formal, de la diseñadora Katy Corso, presentaba detalles de encaje que reflejaban la herencia cultural mexicana. Lo complementó con zapatos Neous de malla con detalles en satén y unos pendientes que le regaló Romain, adquiridos en una joyería de Place Vendôme en París, ciudad donde comenzó su relación.
Para su segundo vestido, la novia buscó celebrar la cultura mexicana a través del colour, el diseño y los detalles artesanales. Con solo tres semanas de anticipación, contactó a la diseñadora Nelly Guinand para crear un vestido a medida. “Estaba cruzando los dedos para que aceptara mi propuesta”, recordó Aisha. En el atelier de Guinand, en La Condesa, la diseñadora le mostró los bocetos, la tafeta naranja y las flores de seda bordadas a mano, dando vida a su visión. El diseño final incluyó un hombro descubierto creado en el momento por Nelly. Lo acompañó con pendientes florales bordados a mano de Olivia Dar y sandalias de tacón nude de Giuseppe Zanotti.
Para la fiesta, Aisha eligió un mini vestido de seda marfil de Clio Peppiatt con un corte favorecedor, detalles de tul y bordados florales coloridos.
Romain, por su parte, lució una chaqueta Ralph Lauren de seda y lino texturizados con pantalones Purple Label. Para el cóctel, optó por un traje de lino Zegna, añadiendo un boutonnière naranja en un guiño al vestido de Aisha.
La ceremonia se llevó a cabo en la Parroquia del Señor San José, cerca de la hacienda. “Compartir este momento con nuestras dos familias, uniendo nuestras tres nacionalidades en este lugar, fue muy emotivo”, expresó Aisha. Los primos de Romain deleitaron a los invitados con sus voces angelicales, y durante la ceremonia, una luz etérea iluminó el interior a través de las vidrieras. Además, sus padrinos colocaron un lazo sobre ellos, una tradición mexicana que simboliza la unión eterna.
Al salir de la iglesia, los novios fueron sorprendidos por un vocho, el icónico Volkswagen que representa a México. Regresaron a Las Alamandas en el clásico automóvil y, para el cóctel, hicieron una entrada sorprendente a caballo, en un homenaje al pasado ecuestre de Romain.
