Como seres humanos, tendemos a creer que somos únicos. Sin embargo, si ampliamos la perspectiva, la imagen se simplifica: los humanos, al igual que cualquier otra especie, operamos bajo instintos moldeados por la evolución.
Uno de esos instintos se activa cuando algo ajeno al grupo se percibe como una amenaza. Presentar a las personas un problema compartido, o un oponente común, a menudo fortalece sus lazos.
Los investigadores lo denominan el “efecto enemigo común”: estrechamos nuestros vínculos cuando creemos que enfrentamos el mismo desafío.
No es exclusivo de los humanos. Los chimpancés también lo hacen. Y ahora, un nuevo estudio sugiere que los bonobos también, aunque con un estilo más discreto. En algún punto de su evolución, los bonobos priorizaron fuertemente la conexión social, y esto se evidencia.
Bonobos, vínculos y cohesión
Los nuevos hallazgos sugieren que la conexión entre amenazas externas y la cohesión interna no es algo reciente. Podría remontarse a hace varios millones de años, a una época anterior a la separación de las especies humanas, chimpancés y bonobos.
Un equipo de investigación internacional, liderado por la Universidad de Kioto, se propuso probar una antigua idea que se remonta a Darwin: los grupos que se unen frente a otros grupos podrían haber tenido una ventaja. Esta lógica tiene sentido para los animales con rivalidades intensas.
Pero los bonobos complican la historia. No son conocidos por incursiones letales o brutales guerras territoriales.
Por lo tanto, los investigadores plantearon una pregunta sencilla: si los bonobos no luchan como los chimpancés, ¿siguen “cerrando filas” cuando detectan la presencia de extraños?
Datos básicos sobre los bonobos
Los bonobos ocupan un lugar muy cercano a nosotros en el árbol genealógico, compartiendo aproximadamente el 98.7% de su ADN con los humanos. También se distinguen de sus primos chimpancés en un aspecto fundamental: la sociedad de los bonobos tiende a basarse más en la cooperación que en la confrontación.
Viven en comunidades lideradas por hembras donde las relaciones son muy importantes. Los bonobos a menudo utilizan el comportamiento sexual para aliviar la tensión, resolver disputas y reforzar los vínculos.
Son más delgados que los chimpancés, con caras oscuras, labios rosados y ojos sorprendentemente expresivos que pueden parecer casi humanos cuando se cruzan con los nuestros.
En la naturaleza, pasan mucho tiempo en los árboles, pero también se mueven con confianza por el suelo.
Buscan frutas, hojas y pequeños animales, y se comunican a través de una rica mezcla de llamadas, gestos y expresiones faciales. En resumen: los bonobos permanecen socialmente sintonizados y hacen de la conexión una habilidad de supervivencia.
Los bonobos se unen cuando están estresados
Para averiguar cómo responden los bonobos a los extraños, los investigadores observaron a ocho grupos en cinco sitios de cuatro países.
Diseñaron el experimento para que fuera similar a estudios anteriores con chimpancés: reproducir grabaciones de llamadas de otros grupos y observar lo que sucede.
El autor principal, James Brooks, lo expresó claramente: no sabían qué encontrarían.
Si la unión grupal solo es importante en las especies que participan regularmente en conflictos mortales, los bonobos podrían no mostrar ninguna reacción.
Pero si el efecto enemigo común es más profundo, más antiguo que la división entre chimpancés y bonobos, entonces los bonobos podrían conservar rastros de él.
Así fue.
Los bonobos notaron claramente las llamadas externas. Se pusieron más alerta, sentándose más erguidos y descansando menos. También mostraron un pequeño aumento en el comportamiento afiliativo, incluido el acicalamiento, que desempeña un papel central en la vida social de los primates.
La palabra clave es pequeño. En comparación con los chimpancés, el aumento del comportamiento de vinculación fue modesto.
Cómo reaccionan los bonobos ante los extraños
Este sutil cambio es el punto clave. Cuando los chimpancés detectan extraños, la respuesta a menudo viene acompañada de agresión. Como ocurre con la mayoría de los primates, la tensión grupal de los chimpancés aumenta, el comportamiento defensivo se intensifica y el conflicto puede escalar.
Los bonobos toman un camino diferente. Siguen registrando la “señal de fuera del grupo”, pero en lugar de prepararse para una pelea, se apoyan en su tejido social. Refuerzan las relaciones sin aumentar la violencia.
Este patrón sugiere una estrategia evolutiva construida menos en torno a la guerra y más en torno a la construcción de alianzas. Los bonobos no ignoran las posibles amenazas. En cambio, responden con conexión en lugar de agresión.
Pasado compartido con los humanos
Los autores sugieren que nuestro antepasado común, que vivió hace unos 5-6 millones de años, podría haber enfrentado alguna forma de conflicto grupal.
Con el tiempo, a medida que los bonobos evolucionaron siguiendo un camino con menos violencia intergrupal intensa, la fuerza del efecto enemigo común también podría haber disminuido.
Brooks resumió la implicación más importante: el conflicto está profundamente arraigado en nuestro linaje, pero no es un destino. Los bonobos probablemente detuvieron la agresión letal hace mucho tiempo.
Se ha observado que otros grandes simios, incluidos gorilas, orangutanes, chimpancés, gibones y humanos, matan a miembros de su propia especie. Los bonobos destacan como la excepción que se niega a convertirse en la regla.
Importancia de los vínculos de los bonobos
Los bonobos nos brindan un ejemplo vivo de cómo un pariente cercano respondió a las mismas presiones evolutivas y obtuvo un conjunto de herramientas sociales diferente.
Si queremos comprender por qué los humanos caen tan fácilmente en una mentalidad de “nosotros contra ellos”, ayuda a saber cuán profundos son esos instintos y qué alternativas ya ha producido la evolución.
El autor principal, Shinya Yamamoto, lo expresó claramente: los humanos podemos hacer ambas cosas. Podemos convertir a los extraños en enemigos y también podemos cooperar a través de las fronteras. Los bonobos nos recuerdan que lo que hicieron nuestros antepasados no nos encierra en un futuro único.
Y esa es la conclusión principal. La próxima vez que sientas que te atraen hacia una mentalidad tribal, ya sea durante una discusión, una pelea política o incluso una disputa en el lugar de trabajo, haz una pausa y recuerda a los bonobos. Demuestran que una especie puede sentir una amenaza, elegir la conexión y reescribir el guion.
El estudio se publicó en la revista PLOS ONE.
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