Dejemos de lado, por un momento, las intrigas de Anthony Bridgerton y el apasionante viaje de Colin. Ignoremos incluso la sonrisa que nos provoca imaginar a Benedict en medio de una escalera. La atención se centra ahora en el futuro narrativo de las damas de la familia Bridgerton, quienes retomarán el protagonismo a partir de la quinta y sexta temporadas de la serie de Netflix.
Tras el inicio de la saga con Daphne, pronto será el turno de Eloise y Francesca para cautivarnos con sus propias historias de amor. Aunque aún no se sabe quién de las dos llegará primero a la pantalla (siguiendo el orden de las novelas, Eloise debería ser la siguiente), ambas han ganado relevancia en la cuarta temporada, anticipando su ascenso como las nuevas protagonistas.
Mientras que el camino de Daphne, a menudo limitada por las convenciones de su época, podría generar dudas entre los fans, Eloise ha demostrado ser una fuerza disruptiva, desafiando las normas con su sarcasmo en la Regencia reinventada por Shonda Rhimes.
Pero, ¿qué ocurre con Francesca? Muchos coinciden en que su historia tenía el potencial de ser la mejor de toda la serie. Si bien Netflix ha logrado mejorar algunos aspectos de las novelas de Julia Quinn, la representación de Francesca en la cuarta temporada no está a la altura de su contraparte literaria.
En el libro El corazón de una Bridgerton, Francesca es un personaje enigmático, cuya historia se desarrolla tras la pérdida de su primer esposo, John Stirling. Su reencuentro con Michael Stirling, primo de John y enamorado de ella en secreto, da inicio a un romance complejo, marcado por la culpa, el duelo y la posibilidad de un nuevo amor. Esta novela es considerada una de las más profundas y revolucionarias de la saga, explorando temas maduros y una sensualidad inigualable.
Sin embargo, la serie parece haber simplificado la trama de Francesca, reduciéndola a una versión más inocente y retraída, centrada principalmente en su falta de atracción física hacia John y sus conversaciones sobre el orgasmo con Penelope y Violet. Esta representación difiere significativamente de la complejidad y madurez del personaje en el libro.
La relación entre Francesca y John en la serie se percibe como superficial, carente de la pasión y el anhelo presentes en la novela. Asimismo, la conexión con Michaela, aunque insinuada, no transmite la intensidad del amor secreto que Michael siente por ella. La serie parece inclinarse por enfatizar un posible romance lésbico, dejando de lado la profundidad emocional del triángulo amoroso original.
A pesar de ello, aún existe la esperanza de que Los Bridgerton logren hacer justicia al personaje de Francesca, explorando la complejidad de sus emociones y el tormento de un amor dividido. La serie tiene la oportunidad de reivindicar la idea de que se puede amar a más de una persona en la vida y mostrar cómo los sentimientos pueden evolucionar con el tiempo. Queda por ver si Francesca recibirá la historia que merece, una historia que honre la profundidad y la sensualidad del libro de Julia Quinn.
Francesca Bridgerton en el libro de Julia Quinn
Julia Quinn dedica el sexto libro de su saga, El corazón de una Bridgerton. a Francesca. En las páginas, es el miembro más reservado de la familia, del que apenas se habla hasta que llega su momento. Antes de su novela, solo sabemos que vive en Escocia tras casarse con John Stirling, conde de Kilmartin, y que enviuda dos años después debido a un aneurisma.
Así, la relación de Francesca y John que se inicia en la tercera temporada de Los Bridgerton está destinada a terminar, y la gran historia de amor de la joven será con otro personaje que ya hemos conocido: Michaela, Michael Stirling en las páginas. Michael es el primo de John y siempre ha estado secretamente enamorado de Francesca. Tras la muerte de John, Michael hereda el título y las tierras de Kilmartin, pero, abrumado por la culpa y la sensación de vivir la vida de su primo, huye a India.
El corazón de una Bridgerton comienza con el reencuentro de la pareja cuatro años después de la partida de Michael. Francesca decide darle otra oportunidad a la temporada de bodas con la esperanza de tener un hijo, y Michael acaba de regresar a Inglaterra. El amor de este último se intensifica rápidamente, mientras que ella comienza a verlo con otros ojos, sintiendo una atracción que va más allá de la amistad. Este interés mutuo se ve empañado por la vergüenza y la culpa que genera el recuerdo de John.
El corazón de una Bridgerton es la novela más diferente de la saga, un relato más adulto, melancólico y complejo, lleno de matices. Aborda el duelo sin filtros, la pasión teñida de culpa y el conflicto interno que surge al permitirse amar de nuevo tras una pérdida dolorosa. Sumémosle a eso la pareja más sensual de todas y tendremos el romance más auténtico y completo de Quinn.
Francesca Bridgerton en la serie de Netflix
La tercera temporada de Los Bridgerton sentó una base sólida y fiel a la saga literaria: Francesca era una joven tímida pero práctica, menos sociable que su hermana Daphne, pero consciente de la importancia de encontrar marido en la temporada de bodas. Junto a John Stirling (Victor Alli), los espectadores presenciaron un amor lento, sin grandes pasiones ni gestos grandilocuentes.
La despedimos recién casada, preparándose para mudarse a Escocia con su esposo, junto a Eloise y Michaela Stirling (Masali Baduza), prima de John, con quien intercambiaba miradas nerviosas. Dos momentos clave marcaron el final de la tercera temporada: primero, durante su boda, cuando mostró incomodidad al besar a John; y después, cuando, cautivada, no pudo presentarse ante Michaela.
La tercera entrega retrató vagamente, pero reconociblemente, a la mujer que enamoró a los lectores en El corazón de una Bridgerton: un poco fuera de lugar, más taciturna que sus hermanos, pero tremendamente madura, decidida y resolutiva. Poco importaba que Michael hubiera cambiado de sexo; Francesca parecía seguir siendo la misma.
Sin embargo, en la cuarta entrega, la Francesca que regresa a Londres se aleja de la novela. Su carácter reservado se traduce en una inocencia desmedida, casi ridícula, que la acerca peligrosamente a Daphne y limita su arco a un conflicto superficial. ¿Cuál es ese conflicto? Todo su mundo gira en torno a la falta de atracción hacia John y, por lo tanto, su incapacidad para alcanzar el clímax.
En la tercera temporada, Francesca era una joven con las ideas claras, madura y enigmática. En la Parte 1 de la cuarta, solo acumula conversaciones incómodas sobre el significado del orgasmo con Penelope (Nicola Coughlan), Violet (Ruth Gemmell) y John. Es difícil reconocer en ella a la Francesca de la novela.
Francesca merece más en ‘Los Bridgerton’
Como hemos explicado, el libro de Francesca habla con franqueza sobre segundas oportunidades. La protagonista estuvo felizmente casada con John, a quien amaba profundamente, y aunque su motivación para volver a casarse no es el amor, sino la maternidad, Michael despierta esos sentimientos en ella.
Es un amor diferente al que sintió por John, un amor que no disminuye ni olvida al anterior, sino que refleja quién es Francesca ahora, lo que Michael provoca en su versión más madura. Por eso su historia es tan real, porque desmitifica las ideas sobre almas gemelas y amores únicos para validar las segundas oportunidades y la posibilidad de ver a una persona con nuevos ojos.
Michael es querido por los lectores porque, además de ser el personaje más sufrido del universo Quinn, es el más entregado, el arquetipo del héroe de época atormentado. Ha estado enamorado de Francesca desde que la conoció, pero quiere a John como a un hermano y sufre en silencio.
El corazón de una Bridgerton es un relato atípico y sorprendentemente crudo que aborda la culpa, el auto-cuestionamiento y la duda en un género romántico más acostumbrado a endulzar el drama, para llegar a la conclusión de que se puede amar a más de una persona en la vida. El cambio de sexo de Michael no debería alterar este poderoso mensaje ni las lecciones de la historia de Francesca. De hecho, la hermana Bridgerton podría haber sido bisexual, enamorándose primero de John y luego de Michaela.
Sin embargo, la relación entre Francesca y John es apática en la pantalla, se profesan un cariño superficial. En cuanto a Michaela, hay incomodidad cuando regresa a Londres en el episodio 4, pero no hay indicios del anhelo de Michael. La serie simplifica el triángulo: prefiere enfatizar el lesbianismo de la pianista, insistiendo en la distancia física que la separa de John y en cómo se niega a sí misma lo que le genera Michaela.
Los Bridgerton siempre encuentra la manera de mejorar sus romances y a sus enamorados, y confiamos en que sepan reconducir la relación con más potencial en la saga literaria. Con la Francesca de la serie sintiendo un afecto fraternal por John, quizás no haya espacio para explorar el torbellino de emociones que sacude a una persona dividida entre el amor perdido y el que llega, para reivindicar que no solo se ama una vez, para mostrar cómo pueden cambiar los sentimientos por una persona. Sin embargo, aún se puede hacer justicia al tormento de pasión y culpa que forma con Michael/Michaela.
