La próxima edad de hielo pudo haberse puesto en marcha hace 2.000 años, pero el incremento térmico de origen antrópico la frenó hace tan solo unas décadas. Investigadores han descubierto en el casquete glaciar de Barnes, en Canadá, pruebas científicas de que el avance glacial se vio abruptamente interrumpido hacia 1960.
El casquete glaciar de Barnes y el registro vegetal conservado en el Ártico
La Tierra ya había empezado a deslizarse hacia su siguiente periodo glacial cuando el calentamiento estival frenó el proceso. Bajo el casquete glaciar de Barnes, situado en el territorio canadiense de Nunavut en la isla de Baffin, los científicos hallaron musgos muertos y arbustos enanos que revelan cómo el hielo dejó de encogerse y volvió a crecer, según un estudio publicado en la revista Science. El equipo investigador estuvo encabezado por Nicolás Young y Joerg Schaefer, pertenecientes al Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, junto con Gifford Miller, experto en geología glaciar de la University of Colorado Boulder, además de otros nueve colegas.
A diferencia de la mayoría de los glaciares que erosionan el terreno a su paso, el hielo de Barnes está congelado y soldado directamente al lecho rocoso. Al avanzar, cubrió y conservó la tundra tal como está, encerrando musgos y pequeños arbustos que pueden conservarse intactos durante miles de años. Cuando el borde del hielo comenzó a retroceder, las plantas volvieron a quedar al descubierto, lo que motivó una campaña de campo en 2022 para extraer muestras y fechar su antigüedad mediante carbono-14.
De la pequeña edad de hielo al retroceso registrado en 1960
El análisis de las muestras vegetales permitió a los científicos reconstruir una cronología sistemática del avance del hielo. El casquete de Barnes alcanzó su tamaño mínimo en algún momento posterior a hace unos 3.600 años, empezó a expandirse de nuevo hace unos 2.000 años, siguió creciendo durante aproximadamente dos milenios y alcanzó su máxima extensión hacia 1960.
El aumento de las temperaturas estivales hizo que se fundiera más hielo del que las nevadas conseguían recuperar. Un casquete helado que acumulaba siglos de expansión vio invertida su trayectoria —pasando de avanzar a retroceder en el intervalo de una única vida humana— debido al calentamiento generado por las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano desde los años 60. Desde entonces, el borde del casquete ha retrocedido entre 200 y 800 metros, perdiendo por completo la zona de acumulación donde cada invierno se añadía más nieve de la que se fundía en verano.
Modelos climáticos y perspectivas sobre el futuro del hielo en Canadá
Los investigadores sostienen que el primer crecimiento renovado del último vestigio del manto de hielo Laurentide, una inmensa extensión que en sus momentos de mayor extensión durante el máximo de la última glaciación llegó a ocupar casi el 30% de Norteamérica con espesores superiores a los tres kilómetros, debió contar como el inicio de un periodo glacial. No obstante, los modelos climáticos actuales indican que el propio casquete de Barnes, cuyas dimensiones son comparables a las de la provincia de Castellón, habrá desaparecido por completo en los próximos siglos debido a las concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero.
La acumulación de emisiones humanas ha alterado un sistema que operaba a lo largo de milenios, posponiendo o interrumpiendo un ciclo que, en condiciones naturales, habría dado lugar a una glaciación de dimensiones continentales. Como resume Miller de manera directa, esto constituye una muestra clara del verdadero poder de los gases de efecto invernadero, mientras Young subraya que representa un ejemplo muy contundente de cómo se ha sacudido el sistema climático.
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