La historia de Antonella, una mujer que priorizó la vida y la maternidad en medio de su lucha contra el cáncer de mama, es un testimonio inspirador de los avances en la medicina personalizada. En el Instituto Pascale de Nápoles, gracias al enfoque del oncólogo Michelino De Laurentiis, Antonella pudo interrumpir temporalmente su tratamiento de forma segura, cumplir su sueño de ser madre y luego reanudar la terapia.
A los 33 años, Antonella Bonomo se enfrentó a un diagnóstico de cáncer de mama agresivo justo cuando comenzaba a planificar su futuro como madre. La noticia, recibida mientras realizaba pruebas para concebir, fue devastadora. “Sentí que el mundo se derrumbaba sobre mí. Lloraba más por el bebé que temía no poder tener que por la enfermedad en sí”, relató Antonella.
Después de una cirugía exitosa, el primer oncólogo le comunicó que debía renunciar a la idea de tener hijos, un golpe durísimo que la llevó al límite. Sin embargo, Antonella no se rindió y comenzó una búsqueda de alternativas, hasta que llegó al Instituto de Tumores de Nápoles y al estudio del Dr. De Laurentiis. Allí encontró un enfoque diferente, centrado no solo en los protocolos clínicos, sino también en la persona, su historia y sus deseos.
Así surgió una decisión innovadora: suspender temporalmente la terapia hormonal después de tres años, en lugar de cinco, para permitirle a Antonella intentar un embarazo seguro. Los controles fueron rigurosos, pero la esperanza creció. Un año y medio después de suspender el tratamiento, Antonella recibió la noticia que cambiaría su vida: estaba embarazada.
A los 40 años, Antonella dio la bienvenida a Diego. Inmediatamente después, reanudó su terapia para completar el ciclo previsto. Hoy, a los 43 años, está libre de la enfermedad y sin tratamiento desde hace más de un año, y disfruta de la compañía de su hijo, al que llama “el milagro más grande de mi vida”. Aunque su esposo sueña con tener un segundo hijo, Antonella prefiere ser prudente, pero ahora la incertidumbre convive con una nueva fuerza, la de quien ha vencido una batalla que parecía imposible.
Su historia no solo es un testimonio de resiliencia, sino que también reaviva el debate sobre la protección de la fertilidad en pacientes oncológicas jóvenes y la importancia de enfoques de tratamiento cada vez más personalizados. Cada vez más, oncólogos e investigadores trabajan para ofrecer a las mujeres no solo mayores posibilidades de curación, sino también una mejor calidad de vida después de la enfermedad.
“En los últimos años, la investigación sobre el cáncer de mama ha avanzado enormemente: terapias más específicas, inmunoterapia, pruebas genómicas y protocolos terapéuticos más personalizados están aumentando las tasas de supervivencia y reduciendo los efectos secundarios”, explicó De Laurentiis, director del Departamento de Senología y Toracopulmonar del Pascale. “La historia de esta paciente es un ejemplo concreto de cómo hoy es posible integrar los cuidados oncológicos con los proyectos de vida. Estudios recientes, como el POSITIVE Trial, han demostrado que, en pacientes seleccionadas con cáncer de mama hormonoresponsivo, una suspensión temporal de la terapia endocrina para intentar un embarazo no conlleva un aumento significativo del riesgo de recurrencia a corto plazo. Y esta es precisamente la estrategia que adoptamos para esta paciente”.
Actualmente, la preservación de la fertilidad es una parte integral de la atención a las pacientes más jóvenes, desde la crioconservación de óvulos y embriones, hasta el uso de estrategias de protección ovárica durante los tratamientos, y una planificación personalizada del embarazo después o, en casos seleccionados, durante una pausa terapéutica. “Se trata de procesos complejos que requieren una cuidadosa evaluación clínica y un enfoque multidisciplinario, pero que permiten a muchas mujeres no tener que elegir entre el tratamiento y la maternidad, integrando ambas en un proyecto de vida consciente y compartido”, concluyó De Laurentiis.
Historias como la de Antonella demuestran que, hoy en día, el cáncer de mama, aunque sigue siendo un desafío complejo, es cada vez más una batalla que se puede ganar sin renunciar a los propios sueños.
