Un reciente estudio realizado con datos de dos millones de pacientes en ocho países europeos ha revelado una posible relación entre el consumo de ciertos fármacos y la detección del cáncer. La investigación señala una alta prescripción de tratamientos para el ácido y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) en la Atención Primaria española en más de la mitad de los pacientes que fueron diagnosticados con cáncer al año siguiente.
Según explica Carlos Míguez, jefe de Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Virgen Macarena, y uno de los centros españoles participantes en el estudio, estos tratamientos podrían estar siendo utilizados para manejar síntomas iniciales, o “pródromos”, de cáncer, especialmente en casos de cánceres digestivos. Esto sugiere que muchos pacientes acuden a su médico de cabecera con síntomas inespecíficos que se tratan de forma paliativa antes de que se detecte la enfermedad.
Míguez destaca la importancia de esta alta prevalencia detectada antes del diagnóstico, ya que podría ayudar a identificar “ventanas de oportunidad” para una evaluación clínica más temprana, sobre todo en aquellos pacientes que requieren un tratamiento prolongado o recurrente. No obstante, reconoce que el uso de estos fármacos podría ser independiente y muy extendido en la población general.
Alertas automáticas en las historias clínicas
Más allá de la medicación, el estudio también subraya el papel de la anemia como una “señal de alerta temprana” en casos de cáncer colorrectal y gástrico, especialmente cuando es persistente o no tiene una causa clara. El oncólogo propone la implementación de sistemas de alerta automáticos en las historias clínicas que combinen la presencia de anemia con factores como la edad, el sexo y la recurrencia de pruebas analíticas alteradas, priorizando así las derivaciones diagnósticas en Atención Primaria. Estos sistemas, según Míguez, deberían basarse en algoritmos de riesgo acumulativo para minimizar los falsos positivos.
En relación con las diferencias en la supervivencia oncológica entre España y otros países como Reino Unido y Países Bajos, Míguez se muestra cauteloso. Asegura que, a pesar de un análisis exhaustivo de la calidad de los datos, los resultados deben considerarse como un primer paso que abre la puerta a investigaciones más detalladas para analizar las causas de estas disparidades, considerando factores como los tratamientos recibidos, el estadio del tumor, la gravedad de la enfermedad y el acceso a las terapias.
Finalmente, el oncólogo señala que las desigualdades registradas en las bases de datos sobre la hipertensión previa al diagnóstico oncológico podrían deberse a diferencias en el registro y la codificación de la información, más que a una diferencia epidemiológica real. En este sentido, enfatiza la necesidad de una interpretación contextual al comparar bases de datos internacionales.
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