La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha abierto un período de incertidumbre en los mercados financieros globales. La situación está generando ganadores y perdedores en diversos sectores, impulsada no solo por factores ideológicos, sino también por consideraciones estratégicas relacionadas con la energía, el control de rutas clave, el acceso a materias primas y el reequilibrio geopolítico frente a China y Rusia, según análisis de Manuel Pinto, experto de mercados de XTB.
Entre los sectores más favorecidos se encuentran las petroleras estadounidenses. Pinto explica que años de corrupción, mala gestión y falta de inversión han dejado la infraestructura petrolera venezolana en un estado ruinoso. En este contexto, empresas como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips, con su capital, experiencia y capacidad técnica, están en una posición privilegiada para liderar la reconstrucción del sector.
“La oportunidad económica para estas empresas estadounidenses es enorme”, afirma Pinto, dado que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando incluso a las de Arabia Saudí. Destaca especialmente a Valero Energy, que opera importantes refinerías en la costa del Golfo de México, con instalaciones adaptadas para procesar crudo pesado y alto en azufre, como el venezolano.
Dentro de este grupo, Chevron “parte con ventaja”, ya que es actualmente la única gran petrolera estadounidense que opera en Venezuela bajo licencia del Tesoro de Estados Unidos, lo que le otorga una posición estratégica para capitalizar la recuperación del sector una vez que se normalicen las sanciones y el marco legal.
Además de las petroleras, las grandes empresas de servicios petroleros, como Halliburton, Schlumberger y Baker Hughes, también se beneficiarán gracias a su experiencia en proyectos complejos de recuperación de yacimientos.
Los bancos estadounidenses también se beneficiarán a largo plazo de la reconstrucción de Venezuela, desempeñando un “papel crucial” en el apoyo económico a la reconstrucción de infraestructuras y en la refinanciación de la considerable deuda venezolana, que ha experimentado un aumento en los últimos días ante la perspectiva de una mejora económica en el país.
El oro y la plata también han visto incrementada su cotización, reflejando la percepción de un aumento de los riesgos geopolíticos. “La crisis de Venezuela ha reforzado un contexto de incertidumbre global, en el que tradicionalmente el oro tiende a actuar como activo refugio”, señala Pinto.
El oro ha registrado su mejor rendimiento anual desde 1979, alcanzando máximos históricos y superando al dólar estadounidense como principal activo de reserva global. Venezuela posee 161 toneladas métricas de reservas de oro, equivalentes a aproximadamente 5,18 millones de onzas troy, valoradas en unos 22.000 millones de dólares a un precio de 4.300 dólares por onza. Un aumento de 100 dólares en el precio del oro añadiría más de 500 millones de dólares al valor de estas reservas.
El bitcoin también se perfila como un ganador, ya que, según diversos informes, Venezuela podría haber acumulado un volumen significativo de esta criptomoneda, con un valor aproximado de entre 56.000 y 67.000 millones de dólares a los precios actuales. De confirmarse estas cifras, “Venezuela se convertiría en uno de los mayores poseedores de bitcoin del mundo”, según Pinto, lo que tendría un impacto relevante en el mercado, especialmente si estos activos quedan inmovilizados por procesos judiciales o disputas legales.
“En términos de mercado, el efecto sería significativo. Si alrededor del 3% del suministro total de bitcoin quedara bloqueado durante años, y considerando que solo entre el 2% y el 4% de los bitcoin son realmente líquidos, esto implicaría la retirada de entre el 15% y el 30% de la liquidez efectiva del mercado”, explica el analista, quien considera que este escenario podría explicar el fuerte repunte del precio del bitcoin observado en 2026.
La bolsa venezolana experimentó el lunes una subida cercana al 50% en una sola sesión, lo que refleja las expectativas de los inversores ante un cambio profundo en el modelo económico del país, anticipando la eliminación progresiva de controles, la reapertura al capital extranjero y un posible programa de privatizaciones.
Este movimiento ha tenido un efecto contagio en otros índices latinoamericanos, especialmente en países exportadores de materias primas. Pinto prevé que los acontecimientos en Venezuela subrayan la creciente importancia del nacionalismo de los recursos, una tendencia de la que América Latina podría beneficiarse.
Venezuela posee importantes reservas de minerales estratégicos como coltán, bauxita, níquel, hierro y otros elementos críticos para la industria tecnológica y la transición energética. En un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, el acceso a estas materias primas adquiere un valor geopolítico adicional. “La apertura del sector minero venezolano a empresas occidentales permitiría diversificar las cadenas de suministro globales y reducir la dependencia de Asia, especialmente en materiales clave para baterías, semiconductores y sistemas de defensa”, subraya Pinto.
La decisión de Trump de intervenir en Venezuela y capturar a su presidente ha reforzado en Europa la percepción de un entorno internacional más inestable, lo que incrementa la necesidad de aumentar el gasto en defensa, fortalecer las capacidades propias y reducir la dependencia estratégica de Washington. Como resultado, “las empresas europeas del sector defensa podrían verse beneficiadas por nuevos programas de rearme, modernización de ejércitos y mayor cooperación dentro de la OTAN, especialmente ante el temor de que Estados Unidos priorice cada vez más sus intereses hemisféricos”, sostiene Pinto.
A ello se suma la posibilidad de que Estados Unidos ya no tenga urgencia por solucionar la guerra en Ucrania, lo que podría aplazar los acuerdos de paz durante un largo período de tiempo, obligando a los países europeos a seguir invirtiendo grandes cantidades de dinero en el sector de la defensa.
Por otro lado, las petroleras canadienses se encuentran entre las más afectadas por la intervención de Donald Trump en Venezuela, debido a que el crudo canadiense es similar al venezolano, pesado y con alto contenido de azufre. Una parte significativa de este crudo se refina actualmente en la costa estadounidense del Golfo de México, lo que hace que “la reapertura del flujo de petróleo venezolano introduce una competencia directa”, indica el experto de XTB.
Argumenta que los menores costes de transporte, la proximidad geográfica y la alineación política hacen probable que muchas refinerías estadounidenses prioricen el crudo venezolano frente al canadiense, presionando los márgenes de los productores canadienses.
Pinto concluye que la situación en Venezuela confirma que la geopolítica ha vuelto a ser un factor determinante para los mercados financieros: “Más allá del cambio de régimen, lo que está en juego es el control de recursos estratégicos, flujos energéticos y zonas de influencia en un mundo cada vez más fragmentado”. Por ello, estima que los inversores deben tener en cuenta que, en este nuevo entorno, “la alineación política y el acceso a activos reales pesan tanto como los fundamentos económicos tradicionales”.
