En 1959, la misión espacial soviética Luna 3 logró un hito histórico: fotografiar la cara oculta de la Luna. Estas imágenes no solo resolvieron numerosos enigmas sobre nuestro satélite natural, sino que también plantearon nuevas interrogantes, incluyendo una asimetría en su morfología que, en su momento, carecía de explicación. Ahora, un estudio reciente basado en muestras lunares recogidas por la misión china Chang’e-6 y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (disponible aquí), ha revelado una posible causa para esta peculiaridad.
La mencionada asimetría se manifiesta en una clara disparidad geológica: el lado visible de la Luna presenta extensas llanuras basálticas oscuras, mientras que la cara oculta es pálida y densamente craterizada. Para desentrañar este misterio, un equipo científico liderado por el geólogo planetario Heng-Ci Tian, de la Academia China de Ciencias, analizó el polvo lunar proveniente de la cuenca Polo Sur-Aitken.
El origen de la asimetría lunar
Al comparar los isótopos de potasio y hierro de estas muestras con los obtenidos durante las misiones Apolo de la NASA, los investigadores detectaron variaciones químicas que confirman una profunda alteración en el manto lunar. La hipótesis principal apunta a un impacto de un proyectil, probablemente un asteroide, que generó un calor extremo capaz de vaporizar materiales en las profundidades del satélite.
Este impacto provocó la pérdida de los elementos más ligeros, lo que explica que la cara oculta de la Luna presente actualmente una firma isotópica más pesada que la cara visible. Según el investigador Heng-Ci Tian, “aunque los procesos magmáticos pueden explicar los datos de los isótopos de hierro, los isótopos de potasio requieren una fuente en el manto con una composición isotópica de potasio más pesada en la cara oculta que en la cara visible”.
Un evento ocurrido hace miles de millones de años
La colisión no solo dejó una huella superficial, sino que también transformó el interior de la Luna de manera significativa y permanente. Los efectos estructurales se extienden más allá de las cicatrices visibles en la superficie lunar, como lo demuestra la evaporación del potasio en la cuenca del Polo Sur-Aitken.
El análisis concluye que este impacto debió ocurrir hace miles de millones de años, aunque no se ha determinado una fecha precisa. Lo que sí queda claro es que misiones como la Chang’e 6 son fundamentales para comprender la evolución de otros mundos, un aspecto especialmente relevante en un contexto donde la NASA podría verse obligada a renunciar a traer a la Tierra las muestras recogidas en Marte por sus robots exploradores.
