Un equipo de investigadores del MIT ha descubierto nuevas propiedades de la materia y del comportamiento de las fuerzas que la mantienen unida, utilizando el Gran Colisionador de Hadrones (LHC). La clave de este hallazgo no reside en las colisiones de partículas, sino en los “rozamientos” cercanos entre ellas.
El LHC, un acelerador de partículas masivo ubicado bajo tierra en Ginebra, Suiza, normalmente se utiliza para estudiar la materia bombardeando átomos a velocidades cercanas a la de la luz. Estas colisiones producen fragmentos subatómicos que permiten a los científicos reconstruir los componentes básicos de la materia. Sin embargo, el equipo del MIT ha adoptado un enfoque diferente, analizando qué sucede cuando las partículas apenas se rozan.
Cuando las partículas viajan a velocidades cercanas a la de la luz, están rodeadas por un halo electromagnético que se aplana cuando pasan cerca unas de otras sin colisionar. Este aplanamiento produce fotones de muy alta energía. Ocasionalmente, un fotón de una partícula puede impactar en otra, como un minúsculo “golpecito” de luz cuántica.
Este nuevo método ha transformado el acelerador de partículas en un tipo de microscopio novedoso, permitiendo la observación de comportamientos previamente desconocidos en las fuerzas fundamentales de la naturaleza. Los resultados de la investigación se han publicado en la revista Physical Review Letters.
