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Cerebro de macaco: la tolerancia social aumenta el centro emocional.

by Editor de Tecnologia

Científicos han descubierto que las especies de macacos con sistemas sociales más tolerantes poseen un centro de procesamiento de emociones más grande en el cerebro.

Este hallazgo replantea una región cerebral tradicionalmente asociada con la agresión como un componente clave en la forma en que los primates gestionan relaciones sociales complejas.

Cerebros de macacos tolerantes

Comparaciones entre cerebros de macacos revelan que las especies conocidas por interacciones sociales más flexibles y tolerantes tienen una amígdala más grande, una región cerebral que procesa emociones y señales sociales, en relación con el tamaño general del cerebro.

Al examinar estas diferencias, Sarah Silvère de la Universidad de Estrasburgo (Unistra) conectó las variaciones en el volumen de la amígdala con los distintos estilos sociales observados entre las especies de macacos.

Los patrones en el género muestran que los macacos tolerantes nacen con amígdalas más grandes que sus parientes más combativos.

Este contraste inicial plantea una pregunta más profunda sobre si estas diferencias neuronales surgen de la biología heredada, la experiencia social a lo largo de la vida o ambas.

Estilos sociales de macacos

Los primatólogos ya clasifican a los macacos en cuatro grados sociales según la frecuencia con la que las peleas terminan en contacto amistoso.

En las aproximadamente 25 especies del género macaco, algunos grupos funcionan con reglas de rango estrictas y represalias rápidas.

Las especies más tolerantes muestran jerarquías más laxas, más reparación después de los enfrentamientos y vínculos sociales que cambian según el momento.

El equipo organizó estos rasgos sociales en tres temas: mantener relaciones, controlar impulsos y navegar por la imprevisibilidad de la vida social cotidiana.

La amígdala lee las emociones

En lo profundo del cerebro, la amígdala, un cúmulo que etiqueta las emociones y las señales sociales, ayuda a los primates a juzgar rostros e intenciones.

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Las señales de la amígdala se extienden a los circuitos de memoria y control, lo que permite que la región atenúe o intensifique las reacciones.

En humanos, un mayor volumen de amígdala se ha relacionado con redes sociales más amplias, vinculando la anatomía con la carga de relaciones cotidianas.

Los resultados de macacos cautivos mostraron que el tamaño del grupo social remodeló los circuitos conectados a la amígdala.

Tolerancia vinculada al tamaño del cerebro

Basándose en 42 escáneres de resonancia magnética cerebral, Silvère clasificó cada especie por grado social y comparó los volúmenes entre los extremos de la escala.

Las especies en el extremo tolerante tenían más tejido de amígdala en relación con el tamaño del cerebro, incluso cuando los cerebros en general eran más grandes o más pequeños.

Incluso después de tener en cuenta la edad y el sexo, la relación entre el tamaño de la amígdala y la tolerancia social se mantuvo constante entre las especies.

Este patrón sugiere que esta región cerebral puede ayudar a los primates a interpretar señales sociales complejas, en lugar de servir únicamente como un centro de agresión.

Escáneres del hipocampo

El hipocampo, una región que almacena el contexto de los recuerdos, no coincidió con los grados sociales de manera tan clara.

Durante las edades de 13 a 18 años, las especies con baja tolerancia mostraron volúmenes de hipocampo más pequeños en comparación con sus parientes más tolerantes.

Fuera de ese rango de edad, las diferencias fueron difíciles de precisar y los escáneres nunca favorecieron a las especies intolerantes.

Aún así, el patrón sugiere que los períodos de aprendizaje social pueden ser más importantes para este sistema de memoria que la tolerancia por sí sola.

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Envejecimiento cerebral en los macacos

La edad no simplemente añadió más tejido cerebral, porque las especies tolerantes e intolerantes viajaron en direcciones opuestas con el tiempo.

En las especies de grado uno, la amígdala comenzó más pequeña y creció, mientras que en las especies de grado cuatro comenzó más grande y disminuyó.

Alrededor de los 19 años, la brecha entre los extremos de la escala se desvaneció a medida que las curvas se acercaban.

Debido a la escasez de cerebros de animales mayores, esa superposición tardía necesita datos más sólidos antes de que nadie la considere una regla.

¿Aprenden los macacos la tolerancia social?

Las señales en los cerebros jóvenes apuntan a una predisposición hereditaria, pero los entornos sociales aún pueden dirigir el comportamiento y el crecimiento cerebral más adelante.

Cuando madres de una especie criaron crías de otra, los jóvenes macacos adoptaron los hábitos de conflicto de la especie tutora.

“Queríamos comprender cómo la variación en el volumen de la estructura cerebral está relacionada con la tolerancia social y si esta es una característica innata o adquirida a través de la socialización en entornos sociales más o menos tolerantes”, dijo Silvère.

Visto a lo largo de las edades, la pregunta encajó en nuevas curvas, donde la vida social parecía dar forma a la tasa de cambio, no solo al punto de partida.

Habilidades de conflicto en el cerebro

El comportamiento que parece tolerante a menudo exige más autocontrol, porque los animales deben rastrear a sus compañeros y contenerse en momentos de tensión.

Las señales de la amígdala fluyen hacia las regiones que planifican las acciones, por lo que una mayor capacidad puede ayudar a prevenir peleas impulsivas.

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“Una amígdala más grande en especies socialmente tolerantes puede reflejar una mayor capacidad para procesar información social compleja, facilitar mejores interacciones sociales y gestionar conflictos”, dijo Silvère.

Por ahora, la interpretación sigue siendo tentativa, pero contradice la idea de que la amígdala alimenta principalmente la agresión.

Direcciones futuras de la investigación

Las especies raras y las edades desiguales limitaron el conjunto de datos, porque los investigadores no pudieron muestrear cada etapa de la vida de manera uniforme.

La mayoría de los cerebros provenían de animales que murieron de forma natural o accidental, por lo que las dietas, el estrés y la vida en grupo variaron ampliamente.

Las mediciones de toda la amígdala ocultaron sus partes internas, dejando abierta la cuestión de qué conexiones impulsaron los patrones de tolerancia entre las especies.

Los escáneres de resonancia magnética a largo plazo, junto con los registros de comportamiento, podrían probar si la experiencia social remodela el cerebro o simplemente revela las diferencias iniciales.

Un vínculo entre el volumen cerebral y la tolerancia social ahora parece medible entre especies, no solo dentro de un macaco bien estudiado.

Mejores datos sobre animales vivos, especialmente escáneres repetidos a lo largo del desarrollo, podrían mostrar cómo la vida social da forma a ese vínculo con el tiempo.

El estudio se publica en la revista eLife.

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