Sandra Martínez, quien llegó a Chicago a los cinco años de edad, ha construido una vida exitosa en la ciudad, aprendiendo a dominar dos idiomas y comprendiendo el valor fundamental de la comunidad como un espacio de apoyo.
Ante la reciente presencia de operativos migratorios en el barrio de La Villita, Martínez no dudó en movilizarse. Lideró una campaña de recaudación de fondos y un esfuerzo colectivo para brindar alimentos a los vendedores ambulantes, quienes se vieron obligados a cerrar sus puestos ante el temor generado por la situación.
Su acción demuestra cómo la solidaridad puede ser un refugio en momentos de incertidumbre y cómo la comunidad se une para proteger a sus miembros más vulnerables.
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