Beijing está reorientando su reciente represión, pasando de las bases de operaciones de estafas a los empresarios más poderosos del país. Esta modificación en la estrategia se produce en un contexto de creciente indignación pública y preocupaciones geopolíticas.
La decisión de las autoridades chinas de ampliar su escrutinio a los altos cargos empresariales sugiere una respuesta a la presión interna y externa. Si bien inicialmente la campaña se centró en desmantelar complejos dedicados a fraudes, ahora apunta a figuras con mayor influencia económica y política.
El aumento de la ira popular, posiblemente relacionado con las prácticas comerciales desleales o la corrupción, parece ser un factor clave en este cambio de enfoque. Asimismo, las consideraciones geopolíticas podrían estar influyendo en la decisión de Beijing de demostrar una mayor firmeza en la regulación de su sector empresarial.
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