«Mantener una dieta saludable en el entorno alimentario actual requiere un esfuerzo constante y autocontrol», afirmó en un comunicado la autora.
El impacto del entorno en la alimentación
La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) participa actualmente en el proyecto europeo PLAN’EAT, una iniciativa financiada por el programa Horizonte Europa desde 2022. El objetivo de este estudio es comprender cómo los entornos influyen en los comportamientos alimentarios de las personas para diseñar estrategias que faciliten decisiones más sostenibles y saludables.
A través de laboratorios ciudadanos (Living Labs) en nueve países europeos, el proyecto ha identificado diversos factores ambientales y barreras que dificultan el acceso a una dieta saludable, entre los que destacan:
- La disposición de los productos en los comercios.
- Los precios elevados de los alimentos frescos.
- La desinformación y las barreras culturales.
- La presión social.
Estas dificultades impactan con mayor severidad a los colectivos más vulnerables, específicamente a las personas con pocos recursos o a los adultos mayores.
Principios de una alimentación saludable según la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la alimentación es determinante para el bienestar individual y poblacional, advirtiendo que las dietas poco saludables representan un factor de riesgo significativo de discapacidad y enfermedades.
Para protegerse frente a la malnutrición y enfermedades no transmisibles (ENT) —como el cáncer, el accidente cerebrovascular, las cardiopatías y la diabetes—, la OMS recomienda una alimentación basada en cuatro principios fundamentales: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad.
Una dieta saludable debe ser inocua, libre de contaminantes químicos y microbianos, y fundamentarse en el consumo de alimentos no procesados o mínimamente procesados. Asimismo, se debe priorizar un bajo contenido de sodio, azúcares libres y grasas no saludables.
La organización advierte que la urbanización rápida y los cambios en los sistemas de producción han modificado los hábitos, incrementando el consumo de alimentos ultraprocesados y reduciendo la ingesta habitual de fibra dietética, verduras y frutas.
