En un entorno profesional donde los silos organizativos debilitan a las empresas, es poco común ver la colaboración funcionando a su máxima capacidad.
Hace algunos años, mi esposo Ray se sometió a una doble artroplastia de rodilla, con prótesis de titanio y plástico. La operación fue un éxito: catorce días después, ya caminaba, apoyándose solo en un bastón. Debido a que fue operado de ambas rodillas al mismo tiempo, Ray tuvo que permanecer una semana completa en el hospital, en lugar de los tres días habituales. Estuve a su lado cada día, lo que me permitió observar de cerca el funcionamiento del servicio hospitalario. Y, la verdad, quedé casi tan impresionada por la organización del equipo como por la rapidez de su recuperación.
Médicos, enfermeras, fisioterapeutas, auxiliares de enfermería: todos parecían actuar como un verdadero equipo, unido y perfectamente coordinado. Una armonía así dista mucho de ser la norma. En otros centros de salud que he conocido, las lógicas de compartimentación y jerarquía prevalecían ampliamente sobre el espíritu de colaboración.
Y el sector de la salud no es el único afectado. Las guerras territoriales existen en todas partes: en hospitales, agencias gubernamentales, asociaciones, escuelas o el sector privado. Los silos pueden formarse en torno a una persona, un departamento, una división o incluso una línea de productos. Dondequiera que aparezcan, estos silos conducen a luchas de poder, falta de cooperación y pérdida de productividad. Y siempre son los clientes o los pacientes quienes pagan el precio.
He podido constatar por mí misma los efectos destructivos de los silos en una empresa: la organización se fragmenta en grupos aislados, poco dispuestos a colaborar, a compartir su información o a unirse para alcanzar objetivos comunes. Estos grupos erigen barreras infranqueables, paralizando la eficacia de quienes deben trabajar juntos. Los responsables locales se concentran en sus propios objetivos, a menudo en detrimento del conjunto de la organización. Las luchas internas por el poder, el presupuesto o los recursos reducen la productividad y comprometen los resultados. Y los empleados talentosos, frustrados, terminan por irse, o permanecen pero se desvinculan por completo.
¿Cómo desmantelar los silos, reducir los conflictos y fortalecer la colaboración? Algunas sugerencias:
- Armonice el sistema de recompensas
Con demasiada frecuencia, las empresas proclaman la colaboración, pero continúan recompensando únicamente el rendimiento individual. El primer paso consiste, por lo tanto, en alinear las recompensas con sus objetivos colectivos. Establezca indicadores de rendimiento colaborativos e incorpórelos a la evaluación de los empleados. Valore y destaque a aquellos que superan las fronteras organizativas, y comparta sus éxitos con toda la empresa.
- Fomente la innovación
La innovación a menudo surge del cruce de ideas: cuando las personas adecuadas se encuentran en el momento adecuado e intercambian la información que el otro necesita, emergen soluciones creativas. Al fomentar un entorno donde la innovación es valorada, una organización reúne perfiles variados y allana el camino para la cooperación, lo que contribuye a romper las barreras y los silos.
- Comunique de manera transparente
La forma en que circula la información determina si se convierte en un obstáculo o en un impulsor para la colaboración. Una comunicación abierta a nivel de toda la empresa permite romper los silos y prevenir su formación. Cada empleado debe tener acceso a la misma información clara sobre el funcionamiento de la empresa, sus desafíos financieros, la competencia y sus iniciativas estratégicas.
- Fomente las redes
Los colaboradores que disponen de múltiples redes internas facilitan la circulación del conocimiento y la información más allá de las fronteras. Fomente las relaciones y las comunidades en el lugar de trabajo para acelerar la colaboración.
- Mezcle los equipos
Haga que equipos de diferentes sectores trabajen juntos. Cree oportunidades para que los directivos y empleados colaboren en grupos interfuncionales, rote al personal en diferentes puestos e invite a los responsables de otros departamentos a participar en las reuniones o a unirse temporalmente al equipo. Estas iniciativas fortalecen los esfuerzos colectivos y la comprensión mutua.
- Concéntrese en el cliente
La prioridad de toda organización debe seguir siendo el usuario final del servicio o producto. En los silos, la atención a menudo se desvía de los clientes para centrarse en los problemas internos. Comparta los comentarios de los clientes y la información del mercado, e incluso invite a paneles de usuarios finales a dar testimonio de su experiencia. Esto permite a todos comprender cómo la empresa responde, o no responde, a las expectativas del cliente.
- Personalice sus relaciones
La colaboración prospera en un clima de confianza personal. Esta confianza se construye con el tiempo, a través de interacciones, intercambios y observaciones. Conozca a sus colegas como individuos. Desde retiros hasta celebraciones, pasando por simples momentos compartidos en la oficina, estos eventos fortalecen la cohesión y cimentan los lazos personales.
Una organización próspera se construye sobre la alineación de todo el equipo en torno a objetivos compartidos. Los silos socavan esta base. Comprenderlos y superarlos abre el camino a beneficios tangibles: productos y servicios más justos, una productividad reforzada, recursos mejor explotados y equipos más motivados.
Una contribución de Carol Kinsey Goman para Forbes US – traducido por Lisa Deleforterie
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