Si te preguntaran “¿Qué sentirías al tocar un dinosaurio?”, es natural que la imagen del monstruo prehistórico que domina tu imaginación, influenciada por el legado cinematográfico, evoque al instante una piel gruesa y llena de protuberancias que sentirías ásperas antes de siquiera tocarlas.
Pero la sorprendente revelación a la que han llegado los científicos recientemente, según un estudio publicado en la revista Science, es que te encontrarías ante una textura relativamente natural, sí, algo rugosa, pero familiar y nada aterradora.
La cuestión del tacto de la piel de los dinosaurios es muy antigua, y su respuesta ha sido casi imposible de obtener. Esta imposibilidad se debía a que no existían hielos en la Tierra lo suficientemente antiguos como para datar de la época en que vivieron los dinosaurios, lo que impidió que los científicos encontraran dinosaurios congelados, como sí ocurrió con rinocerontes lanudos o mamuts que emergen con el deshielo. Así, la pregunta sobre la textura de la piel de los dinosaurios permaneció sin una respuesta definitiva, hasta la reciente sorpresa que ha proporcionado una respuesta científica a esta antigua interrogante.
¿Qué ha cambiado?
La sorpresa que ha brindado la respuesta inesperada proviene de un equipo de investigación estadounidense que descubrió dos dinosaurios increíblemente bien conservados en lo que se conoce como la “zona de momias” en el estado de Wyoming, Estados Unidos.
Esta zona experimentó una combinación ideal de inundaciones repentinas y períodos de sequía, lo que provocó que un par de dinosaurios ornitópodos del género Edmontosaurus fueran sepultados rápidamente tras su muerte, y se conservaron de una manera que preservó la forma de su piel a través de un proceso llamado “moldes de arcilla”, que conservó la forma de la piel y los tejidos blandos después de su muerte.
Lo que ocurre en este proceso es que el dinosaurio fue rápidamente enterrado en barro fino, como resultado de una inundación repentina que cubrió el cadáver con una capa de barro húmedo.
El rápido entierro en este caso es muy importante, ya que impide que otros animales manipulen el cadáver y también ralentiza la descomposición. Debido a que el barro está en contacto directo con la piel, se introduce entre las escamas, arrugas y protuberancias, replicando los detalles superficiales más finos de la piel. Con el tiempo, la piel y la carne se descomponen y desaparecen, pero el barro que tomó la forma de la piel se endurece y se convierte en roca. El resultado es una piel que desapareció, pero cuya forma se conservó.
