¿Te has sentido lento o con poca energía durante días o semanas después de un test de Covid positivo, una gripe o una infección de garganta o faringitis? No es solo una impresión, al menos si se tienen en cuenta los datos recogidos por los relojes inteligentes (smartwatches) utilizados por los participantes en un estudio publicado por la prestigiosa revista The Lancet. De hecho, es posible medir un “retraso”, utilizando la terminología informática, o simplemente una forma de deuda fisiológica tras estas enfermedades, con la ayuda de estos dispositivos.
El estudio se llevó a cabo durante dos años en una amplia población de adultos (casi 5000), incluyendo más de 3000 casos de Covid, 633 de gripe y 380 infecciones por estreptococo del grupo A (“responsable con mayor frecuencia de infecciones benignas de la esfera ORL o cutáneas, como la angina, la faringitis, la escarlatina (manifestación tóxica de la infección), el erisipela y el impétigo”, según Santé Publique France). Un análisis detallado del estudio revela que, aunque los autores describen el dispositivo utilizado como un reloj inteligente, la realidad es diferente: a los participantes se les proporcionó un modelo Garmin, el Vivosmart 4. Se trata, en realidad, de un rastreador de actividad física lanzado por la empresa estadounidense a finales de 2018, utilizado en un estudio que se desarrolló entre noviembre de 2020 y mayo de 2023. Esto nos lleva a algunas reservas técnicas: nuestras numerosas pruebas de relojes y pulseras nos indican que las mediciones cardíacas no siempre son fiables; para mitigar esta limitación, los investigadores utilizaron los datos cardíacos de los usuarios en reposo, y no durante el ejercicio, ya que las imprecisiones suelen ser mayores durante las sesiones deportivas.
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Una “recuperación digital” del Covid-19 que lleva tiempo
Con esta salvedad, el estudio se centró en los datos recogidos por el rastreador de actividad (número de pasos realizados, distancia recorrida -medida con el teléfono inteligente, dado que el Vivosmart 4 no tiene GPS-, minutos activos, frecuencia cardíaca y variabilidad de la frecuencia cardíaca basada en el estrés). Estos datos se complementaron con cuestionarios diarios y el uso de dos aplicaciones móviles. El objetivo: medir el tiempo que transcurre entre la desaparición de los síntomas de una de las enfermedades estudiadas y la “recuperación digital”, clasificando todo según la gravedad de los síntomas.
La principal conclusión de este estudio es que, si bien los síntomas desaparecen, los datos proporcionados por el Vivosmart 4 y las declaraciones de los participantes indican que, en los casos moderados a graves de Covid-19, la recuperación digital requiere un promedio de 60,23 días más que los 12,05 días declarados. En otras palabras, el cuerpo sigue sintiendo los efectos incluso después de la “recuperación oficial” del virus en estas variantes más graves, según el estudio de The Lancet.
Por otro lado, en el caso de Covid moderados, gripes (benignas o más graves) o infecciones por estreptococos, la tendencia observada en el estudio es menos marcada: la recuperación digital se produce relativamente poco tiempo después de la desaparición de los síntomas. El estudio, por ejemplo, señala un retraso de 2,51 días para las gripes benignas (7,98 días para la desaparición de los síntomas) o 7,85 días para los casos de gripe moderados a graves (12,06 días).
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“Cabe destacar que cuando los participantes declararon estar asintomáticos, su número de pasos diarios, la distancia recorrida, el tiempo de actividad y las calorías gastadas volvieron a sus niveles iniciales, lo que indica un retorno a sus hábitos cotidianos”, señala el estudio. Sin embargo, su objetivo es recordar que, si bien las recomendaciones de salud pública sugieren “retomar las actividades normales cinco días después de que finalicen los síntomas”, algunas afecciones pueden requerir esperar más tiempo. Aquí es donde radica el problema: a pesar de una recuperación incompleta y una “deuda” fisiológica, los enfermos reanudan sus actividades como antes.
Un corazón mucho más exigido
Entre las manifestaciones físicas detectadas por los investigadores, se observa un aumento de la frecuencia cardíaca máxima en las personas cuya recuperación digital no se ha completado, de alrededor de 6 latidos adicionales por minuto. Para recuperar una frecuencia máxima similar (con una diferencia inferior a 0,2) al período anterior a la infección, se debe esperar un promedio de 27 días después de un test de Covid-19 positivo, según el estudio. Concretamente, el corazón de los pacientes que se recuperan del virus realiza unos 75.000 latidos adicionales después de la cesación de los síntomas.
Sin embargo, es importante contextualizar estas mediciones, ya que el estrés, el consumo de alcohol o una reanudación deportiva demasiado brusca (desaconsejada después de un Covid) también pueden alterar estos datos. Independientemente de lo que te diga tu reloj, sus mediciones no sustituyen a un diagnóstico, pero constituyen un excelente punto de partida para el diálogo: si tus curvas te preocupan y sientes fatiga, no dudes en presentar tus registros a tu médico para comprender mejor tu estado de salud.
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