A pesar del anuncio de un frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, la violencia continúa sacudiendo el Medio Oriente, dejando una situación sumamente volátil y una crisis humanitaria que se profundiza.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, informó que Estados Unidos, Irán y sus respectivos aliados acordaron una tregua inmediata. Según Sharif, este cese al fuego debía aplicarse en todas las áreas, incluyendo el Líbano. Por su parte, el Secretario General de las Naciones Unidas ha acogido positivamente este acuerdo de dos semanas, considerándolo un paso hacia una paz más amplia tras casi 40 días de intensas hostilidades que han dejado graves daños en infraestructuras críticas y numerosas víctimas civiles.
Escalada de violencia en el Líbano
No obstante, la esperanza de una paz regional se ha visto empañada por la postura del gobierno israelí, que insistió en que el acuerdo no incluía el cese de sus ataques en el Líbano. Esta discrepancia culminó en la operación denominada «Eternal Darkness», descrita como el ataque más destructivo lanzado por Israel contra el país libanés en años.
Durante una ofensiva relámpago, decenas de aviones de combate israelíes bombardearon 100 objetivos en apenas 10 minutos. Aunque el ejército israelí afirmó que el objetivo eran «centros de mando» de Hezbolá, los bombardeos impactaron severamente zonas residenciales densamente pobladas de Beirut, provocando el colapso de varios edificios y saturando los hospitales locales. El saldo provisional es devastador: al menos 300 personas fallecidas y más de 1,100 heridas.
Además del impacto humano, la infraestructura del país ha sufrido daños críticos, destacando la destrucción del último puente que conectaba el sur del Líbano con el resto del territorio nacional.
Estas acciones han generado una fuerte condena por parte de la ONU, mientras los esfuerzos diplomáticos intentan evitar que la situación desestabilice por completo el cese al fuego entre las potencias regionales.
