La escalada de los precios de la energía está impulsando a gobiernos de todo el mundo a tomar medidas urgentes para mitigar el impacto en consumidores y economías. Asia, que importa hasta un 60% de su petróleo desde Oriente Medio, se encuentra particularmente vulnerable y está respondiendo con una serie de estrategias.
En Bangladesh, las estaciones de servicio enfrentan largas colas debido a las restricciones en el suministro, llegando incluso al cierre de universidades para ahorrar energía. India ha recurrido a poderes de emergencia para redirigir el gas licuado de petróleo (GLP) de las fábricas a los hogares. Pakistán ha implementado medidas de austeridad, incluyendo el cierre de escuelas y la transición de servicios a plataformas en línea.
Corea del Sur ha establecido un tope máximo al precio de los combustibles por primera vez en 30 años, buscando fuentes alternativas de energía fuera del Estrecho de Ormuz. China, a largo plazo, está acelerando la reducción de la intensidad de carbono en los próximos cinco años, manteniendo su enfoque en las energías renovables.
Otros países asiáticos también están tomando medidas. Vietnam está alentando a las empresas a promover el trabajo remoto, mientras que Tailandia ha instruido a los funcionarios gubernamentales a reducir el consumo de energía suspendiendo viajes al extranjero y fomentando el trabajo a distancia. Filipinas está promoviendo reuniones virtuales entre sus empleados y ha implementado un sistema de trabajo de cuatro días a la semana en algunas oficinas gubernamentales, ajustando la temperatura del aire acondicionado a un mínimo de 24 grados Celsius (75 grados Fahrenheit).
A nivel global, los gobiernos están interviniendo para apoyar los precios de los combustibles, imponer límites de precios y liberar reservas de productos básicos esenciales. El conflicto ha interrumpido aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado proveniente de Oriente Medio, lo que ha llevado a los principales productores, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar, a reducir la producción. Como resultado, los precios del petróleo han aumentado significativamente, con el crudo Brent cerrando a 102.90 dólares por barril, un incremento cercano al 42% desde finales de febrero.
