Los hogares se enfrentan a la perspectiva de un invierno severo debido a la persistente crisis energética, según informes recientes. La situación actual se describe como similar a la de 2022, pero con el potencial de ser aún más grave.
Esta crisis energética global, que se extendió entre 2021 y 2023, ha afectado significativamente a economías como la de la Unión Europea, el Reino Unido y China. Las causas de esta crisis incluyen la recuperación económica tras la pandemia de 2019-2020, que generó un desequilibrio entre la oferta y la demanda de energía. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) reaccionó lentamente a este aumento en la demanda.
Además, la restricción de importaciones de carbón por parte de China desde Australia en diciembre de 2020, junto con problemas de corrosión en reactores nucleares franceses a partir de finales de 2021, contribuyeron a la crisis. Para abril de 2022, más de la mitad del parque nuclear francés estaba fuera de servicio, transformando a Francia de exportador neto de electricidad a importador.
Las condiciones climáticas también jugaron un papel importante, con veranos secos y calurosos que afectaron negativamente la producción de electricidad en Europa. Las centrales hidroeléctricas noruegas sufrieron por la falta de lluvia, las centrales nucleares francesas por la escasez de agua de refrigeración y las centrales de carbón alemanas por problemas de suministro debido a los bajos niveles del río Rin.
