Laura, una trabajadora de apoyo domiciliario en Nelson, Nueva Zelanda, manifiesta que su labour se está volviendo cada vez más difícil.
Según informa RNZ, Laura utiliza su propio vehículo y paga de su bolsillo el combustible necesario para desplazarse entre sus pacientes. A pesar de estar en el segundo nivel salarial más alto de su puesto, su remuneración no alcanza el salario mínimo vigente, que actualmente es de 28,95 dólares neozelandeses por hora.
La creciente inflación de los precios del combustible complica aún más su situación, en un contexto de crisis energética. La subvención que recibe para cubrir los gastos de combustible no ha sido actualizada desde 2022.
Actualmente, recibe 2,35 dólares neozelandeses por los desplazamientos entre pacientes, calculados en base a un promedio de 3,7 kilómetros por trayecto, lo que equivale a 0,635 dólares por kilómetro. Esta cifra es inferior a la tasa de kilometraje establecida por la Hacienda Pública para vehículos de gasolina, que es de 1,17 dólares por kilómetro. Para recorridos superiores a 15 kilómetros, la tarifa es de 0,64 dólares.
“Tengo un Mitsubishi Lancer del 2003, con 258.000 kilómetros recorridos”, comenta Laura, quien señala que necesita reparaciones y mantenimiento, pero no puede permitírselo ni adquirir un vehículo nuevo. Ha comenzado a evitar revisar sus gastos en combustible y ha recurrido a una motocicleta de segunda mano para reducir costos, esperando que no llueva.
En zonas rurales, la situación es aún más crítica, ya que algunos trabajadores evitan aceptar encargos debido a las largas distancias entre los pacientes –hasta 11 kilómetros entre uno y otro, y 14 kilómetros al siguiente–, lo que implica un gasto considerable para poder trabajar.
Fleur Fitzsimons, secretaria nacional de la Asociación de Servicios Públicos, considera que esta problemática requiere atención urgente. “Es necesario una intervención directa para apoyar a los trabajadores de atención domiciliaria, quienes se encuentran entre los peor pagados. Utilizan sus propios vehículos y la subvención para el combustible no ha aumentado en cuatro años”, afirma.
Fitzsimons añade que “están soportando el peso de la crisis del combustible, se ha cancelado su reclamo por igualdad salarial y están siendo empujados a la pobreza debido a estas acciones. Hacemos un llamado al gobierno para que demuestre liderazgo en apoyo a estos trabajadores”.
Deborah Woodley, directora interina de financiación, comunidad y salud mental de Health New Zealand, indica que los trabajadores de atención domiciliaria son empleados por proveedores externos. “Actualmente estamos analizando la financiación para 2026/27 para los proveedores externos. Como parte de este trabajo, consideramos las presiones de costos para los proveedores y su personal, lo que incluye los costos del combustible”.
