La polémica ha regresado al curling en los Juegos actuales. Después de que el equipo canadiense volviera a la pista el sábado, el jugador Kennedy se vio nuevamente en el centro de la controversia, siendo reportado por Suiza al árbitro por la misma infracción que ya había generado debate. A pesar de las acusaciones, no se tomaron medidas disciplinarias contra el veterano de 44 años y cuatro Juegos Olímpicos.
Ante esta situación, la Federación Mundial de Curling (World Curling) se vio obligada a actuar. Anunciaron el despliegue de oficiales adicionales para el resto de la competición con el objetivo de vigilar las posibles infracciones de “doble toque”.
La capitana del equipo femenino canadiense, Rachel Holman, y Bobby Lammie, del equipo de Gran Bretaña, fueron sancionados por esta misma infracción. En ambos casos, se determinó que se trataba de un ligero contacto del dedo con la piedra después de soltarla, sin intención de hacer trampa. Sin embargo, la supervisión se percibió como irregular.
Los equipos afectados expresaron su descontento y presentaron quejas. La Federación Mundial de Curling cedió a la presión y modificó el protocolo el domingo. Ahora, los equipos pueden solicitar la revisión de la entrega de la piedra si tienen sospechas, por un mínimo de tres lanzamientos.
No obstante, la implementación de esta nueva medida también ha sido descrita como caótica.
La situación plantea la pregunta de cómo debe evolucionar el curling. En un deporte donde la precisión se determina con una especie de brújula gigante, ¿es hora de adoptar la tecnología de video?
Hammy McMillan, del equipo de Gran Bretaña, considera que sí. “Implementar el VAR o el Hawk-Eye, y dar a cada equipo uno o dos desafíos, obligaría a estar completamente seguros de que se ha producido una infracción”, comentó el deportista escocés. “Creo que sería algo interesante, modernizaría el curling. La revisión de video podría ser el siguiente paso, con desafíos para los equipos.”
