DARPA destina 73 millones a fabricar sangre artificial para soldados

La agencia de proyectos avanzados DARPA ha destinado 73 millones de dólares para fabricar sangre artificial liofilizada que quepa en la mochila de los soldados. El Pentágono busca disponer de plasma, plaquetas y glóbulos rojos listos para el campo de batalla en poco más de dos años, ante el reto logístico de los bancos de sangre tradicionales.

Las hemorragias provocan cerca del 90% de las muertes evitables en combate y representan la principal causa de muerte materna en el mundo, según los datos que maneja el Pentágono. El Colegio Americano de Cirujanos calcula que esta escasez genera unas 10.000 muertes evitables al año en el país. Durante 2025, la revista Transfusion difundió una investigación basada en la revisión de 1,2 millones de heridos graves en territorio estadounidense que habrían requerido transfusiones antes de su llegada al centro médico, de los cuales únicamente el 1% llegó a recibirlas.

La sangre humana biológica se conserva refrigerada durante 35 días. Las plaquetas aguantan una semana o menos a temperatura ambiente, mientras que los glóbulos rojos y el plasma se congelan pero se estropean a los pocos días de ser descongelados.

El teniente comandante Robert Murray, oficial de la Armada y doctor en fisiología que encabeza el programa en DARPA, resume el dilema logístico y la urgencia temporal del suministro.

Si algo es sobrevivible —y en general clasificamos casi toda hemorragia como sobrevivible—, uno tiene casi garantizado sobrevivir si recibe la sangre antes de la marca de los 36 minutos.

Teniente comandante Robert Murray, oficial de la Armada y director del programa en DARPA

La inversión militar busca sangre liofilizada

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La DARPA ha puesto sobre la mesa un presupuesto de 73 millones de dólares con el objetivo de tener plasma, plaquetas y glóbulos rojos liofilizados listos para su empleo inmediato en combate en poco más de dos años. Los experimentos anteriores se han limitado a pruebas en animales y nunca se han probado en humanos, lo que convierte el plan en un desafío considerable.

La Estrategia de Defensa Nacional de 2018 redirigió la atención militar desde el terrorismo hacia un posible conflicto con China o Rusia, evidenciando la vulnerabilidad de depender de instalaciones centralizadas. Al recordar su paso por Okinawa, Murray menciona que allí operaba un único banco de sangre para dar cobertura a unos 27.000 marines y a numerosos efectivos adicionales desplegados en la región del Pacífico, una instalación emplazada junto al centro sanitario y muy cerca de las antenas de comunicación vía satélite del archipiélago.

Los obstáculos técnicos para imitar el tejido sanguíneo

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Recrear los diferentes componentes de la sangre presenta obstáculos técnicos muy variados. El plasma es el elemento más sencillo de procesar mediante la liofilización, un método para retirar el agua tras la congelación que se aplica desde finales de los años treinta y se utilizó en la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos interrumpió su producción en los años sesenta debido al riesgo de transmisión de hepatitis, retomándola a partir de 2010. En los últimos dos años, la Administración de Alimentos y Medicamentos autorizó de emergencia dos tipos de plasma liofilizado para el ejército, uno de ellos apto también para civiles.

Las plaquetas registran menos avances prácticos. La opción más avanzada pertenece a la empresa Cellphire, que liofiliza plaquetas humanas con buenos resultados de seguridad y eficacia en ensayos clínicos, aunque depende de donantes y su escalabilidad genera dudas. Los glóbulos rojos son los más complejos de replicar. La hemoglobina aislada de su membrana se degrada rápidamente, puede dañar órganos y neutraliza el óxido nítrico, contrayendo los vasos sanguíneos. Las tecnologías de cultivo en laboratorio tampoco se han consolidado: una iniciativa lanzada por DARPA en 2008 no logró reducir los costes por debajo de decenas de miles de dólares por unidad y fue transferida a la Universidad de Servicios Uniformados.

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KaloCyte y SynthoPlate compiten en la carrera biológica

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Varias compañías intentan desarrollar alternativas sintéticas o derivadas. KaloCyte encapsula hemoglobina procedente de sangre de donante próxima a caducar dentro de una nanopartícula lipídica. Su producto, ErythroMer, se liofiliza y mantiene propiedades durante dos años a temperatura ambiente, según la empresa. Pruebas realizadas en 2016 con ratones y ratas a los que se extrajo hasta el 70% de la sangre mostraron que mantuvieron la presión arterial y el oxígeno sin contraer los vasos, aunque se trata de datos animales y no de ensayos clínicos en humanos, y su capacidad de producción actual se limita a entre 1.000 y 2.000 unidades de hemoglobina al mes.

Por su parte, SynthoPlate, desarrollada por el investigador Anirban Sen Gupta, consiste en una plaqueta sintética dotada de tres péptidos que se fijan a la pared del vaso sanguíneo y a plaquetas reales, con una conservación superior a un año a temperatura ambiente y de al menos tres meses a unos 50 °C.

Los médicos evalúan los límites de los sustitutos artificiales

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John Holcomb, investigador de la Universidad de Alabama en Birmingham, mantiene una visión prudente sobre el alcance real de estos sustitutos sintéticos para reemplazar la sangre completa en el organismo. Los expertos apuntan a que, ante una lesión grave con pérdida masiva de volumen intravascular, la administración combinada de estos productos podría mantener al herido con vida el tiempo suficiente.

No creo que vayan a reproducir todas las funciones que desempeña la sangre completa en nuestro organismo. Quizá no sea necesario, ¿verdad? Cuando sufres una lesión grave y pierdes el 50 % de tu volumen intravascular, estás muerto, ¿no? Así que, si pierdes un 30 % y quizá te mantienes con vida por los pelos, tal vez te administren todos estos productos diferentes y te quede suficiente sangre completa en el cuerpo para desempeñar esas otras funciones.

John Holcomb, investigador de la Universidad de Alabama en Birmingham

De este modo, el objetivo principal sería estabilizar al paciente mediante estas alternativas hasta que pueda recibir el tratamiento adecuado para recuperar sus funciones vitales, en un contexto donde las tecnologías de cultivo de sangre artificial acumulan décadas de intentos previos en laboratorios militares.

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