Un análisis de datos provenientes de más de mil millones de teléfonos móviles ha revelado una marcada disparidad en la forma en que las personas afrontan las olas de calor, dependiendo de su ubicación y nivel socioeconómico. La investigación, que se basa en información anónima de uso de dispositivos, muestra que las comunidades de bajos ingresos y aquellas ubicadas en áreas urbanas densamente pobladas son significativamente más vulnerables a los efectos del calor extremo.
El estudio encontró que, en comparación con áreas más acomodadas, las zonas de bajos ingresos experimentan temperaturas más altas debido a la falta de vegetación y la abundancia de superficies que absorben el calor, como el asfalto y el hormigón. Además, los residentes de estas áreas tienen menos acceso a aire acondicionado y otras medidas de refrigeración, lo que aumenta su riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor.
Los datos también revelaron que las personas en áreas urbanas tienden a pasar más tiempo al aire libre durante las olas de calor, posiblemente debido a la falta de espacios interiores con aire acondicionado o a la necesidad de trabajar o desplazarse. Esto las expone a un mayor riesgo de insolación y deshidratación.
La investigación destaca la importancia de abordar las desigualdades socioeconómicas y urbanísticas para mitigar los impactos del cambio climático y proteger a las poblaciones más vulnerables. Las estrategias incluyen la implementación de espacios verdes urbanos, la mejora del acceso a la refrigeración y la promoción de políticas que reduzcan la exposición al calor extremo para los trabajadores al aire libre.
El análisis de estos datos masivos de teléfonos móviles proporciona una visión sin precedentes de cómo las personas experimentan y responden a las olas de calor, y subraya la necesidad de soluciones equitativas y basadas en datos para abordar este creciente desafío climático.
