Existe un debate activo sobre la responsabilidad de diversas instituciones en la gestión de la seguridad, donde se señala tanto al gobierno como a la policía por su incapacidad para manejar ciertas situaciones, así como el papel desempeñado por las redes sociales.
El uso de las redes sociales en la labour policial
Actualmente, las redes sociales forman parte del conjunto de herramientas investigativas de las agencias de seguridad, utilizándose principalmente para establecer pistas y recopilar evidencias sobre posibles sospechosos. A pesar de su uso, no existen leyes federales que regulen específicamente cómo las agencias policiales deben obtener o utilizar la información proveniente de estas plataformas, aunque su capacidad de acción puede verse influenciada por diversas normativas.

El monitoreo policial ha evolucionado desde la revisión de perfiles públicos sin restricciones de privacidad hacia tácticas más complejas. En algunos casos, los agentes crean cuentas con identidades inventadas para realizar un seguimiento tanto focalizado como difuso, lo que les permite acceder a contenidos que se encuentran detrás de muros de privacidad digital.
Argumentos a favor y preocupaciones civiles
Los defensores de estas prácticas argumentan que el monitoreo de redes sociales es menos intrusivo que otras medidas de vigilancia, como las políticas de detención y registro («stop and search»). Asimismo, sostienen que este método requiere menos recursos policiales y ha resultado útil para resolver delitos graves.
No obstante, académicos y sectores de la comunidad han expresado serias preocupaciones. Entre los puntos más críticos se encuentran:
- La incertidumbre sobre el alcance real de este monitoreo.
- Posibles vulneraciones a las libertades civiles y cuestionamientos sobre su constitucionalidad.
- El riesgo de un direccionamiento discriminatorio en las investigaciones.
- La violación de los acuerdos de usuario de las principales plataformas de redes sociales mediante la creación de cuentas falsas.
