La prevención de la demencia es un tema cada vez más relevante, y las investigaciones recientes sugieren que una proporción significativa de casos podría evitarse. Según informes, hasta el 45% de las demencias podrían prevenirse o retrasarse abordando factores de riesgo modificables.
Entre los factores de riesgo que se pueden influenciar se encuentran afecciones como la hipertensión arterial, la diabetes, los trastornos del ritmo cardíaco y los niveles elevados de colesterol LDL. También es importante evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol. Las deficiencias de vitaminas y hormonas también pueden contribuir, por lo que se recomiendan controles regulares.
Además de la salud física, la salud sensorial juega un papel importante. La pérdida de audición y de visión pueden aumentar el riesgo de demencia, pero se pueden mitigar con el uso temprano de audífonos y lentes correctivos. Las lesiones craneoencefálicas, incluso las conmociones cerebrales, también se han asociado con un mayor riesgo.
Si bien la edad avanzada y la genética son factores de riesgo inevitables, la prevención se centra en aquellos aspectos que sí podemos controlar para promover la salud cerebral a lo largo de la vida.
