En la encantadora localidad de Revel, en Francia, un antiguo dentista jubilado, Jean-Marie Maurin, ha encontrado una nueva vocación: la luthería. Este apasionado artesano ha transformado su hogar en un taller completamente equipado, donde da vida a instrumentos musicales con una dedicación excepcional.
Maurin se inició en este arte hace una década, inspirado por una conferencia impartida por el luthier holandés Edwin Katzie en el Musée du Bois (MUB) de Revel. Katzie presentó un violín dañado y ofreció un taller a quienes estuvieran interesados. Durante un año, Maurin asistió regularmente, dedicando dos horas cada miércoles a aprender los secretos de la luthería.
Un trabajo meticuloso y completo
La luthería, explica Maurin, va más allá del simple trabajo con la madera. Requiere el dominio de técnicas de coloración, barnizado y escultura, utilizando herramientas específicas como gubias y cinceles. Incluso el afilado de las gubias es una habilidad en sí misma. Apasionado por la madera desde hace mucho tiempo, Maurin ha fabricado sus propias herramientas, incluyendo una máquina para curvar la madera a partir de una antigua plancha.
Variedad de maderas e instrumentos
Entre sus creaciones, destaca un violín construido con cinco tipos diferentes de madera: sicómoro, arce rizado, abeto, ébano y conífera. Maurin dedica varios meses a la fabricación de cada instrumento, pero lo hace por puro placer y en su tiempo libre. Además de violines, también ha construido mandolinas, un rebec (instrumento medieval de tres cuerdas frotadas), un salterio (instrumento de cuerda pulsada de origen celta) y un charango (pequeña guitarra andina).
“Hace mucho tiempo, encontré un pequeño folleto con planos de instrumentos musicales”, confiesa Maurin. “He hecho muchos”, añade con modestia. Sin embargo, este apasionado artesano no tiene intención de vender sus creaciones, ya que las considera una expresión de su pasión personal.
Compromiso social
Jean-Marie Maurin también comparte su pasión con jóvenes en situación de vulnerabilidad, especialmente estudiantes de la escuela secundaria Barral en Castres. Como miembro del Rotary Club, les presenta la luthería y los instrumentos musicales, con la esperanza de despertar vocaciones en el ámbito de la artesanía o la música. “Quería mostrarles todo lo que se puede hacer en la luthería y darles la oportunidad de experimentar con los instrumentos”, explica. Una forma de transmitir su entusiasmo y conocimientos, y de permitirles probar instrumentos poco comunes.
