A veces, tormentas internas arrasan con todo a su paso, pareciendo insuperables precisamente por ser incomprensibles. La depresión posparto puede ser una de ellas. Definida como un trastorno del estado de ánimo grave que se presenta en las semanas o meses posteriores al parto, puede manifestarse, entre otras cosas, con una profunda tristeza, insomnio y dificultades para establecer un vínculo con el recién nacido. En Suiza, según estudios, afectaría entre el 15 y el 20% de las madres, es decir, hasta 16.000 mujeres al año, y sin embargo, nada nos prepara para ello.
Céline, una mujer de unos treinta años de la región francófona de Suiza, lo experimentó de primera mano. Al regresar a casa con su segundo hijo, las cosas no salieron como esperaba. En el programa de radio Brise Glace, describe la ansiedad insidiosa de las noches sin dormir, la opresión en el pecho que no se alivia, la dificultad para expresar lo que le está sucediendo y encontrar un tratamiento adecuado. También habla de la culpa por no sentirse feliz, cuando a menudo se idealiza esta etapa de la vida – “el momento más hermoso de tu vida”, según el cliché. “Me decía: ‘He logrado dar a luz por vía vaginal, mi hijo está bien, todo está bien… y no lo está’”.
Pero entre el agotamiento y las presiones sociales, Céline también relata el apoyo incondicional de sus seres queridos… y la luz al final del túnel.
