El desarrollo de software profesional a menudo comienza con un desafío fundamental: interactuar con las partes interesadas que tienen dificultades para definir sus necesidades o expresarlas con claridad. Esta situación, común en la industria, puede generar complicaciones y retrasos en el proceso de desarrollo.
La dificultad radica en que los clientes o usuarios finales, a pesar de tener una idea general de lo que desean lograr, pueden carecer de la capacidad para traducir esa visión en requisitos técnicos concretos. Esto obliga a los equipos de desarrollo a invertir tiempo y esfuerzo adicionales en la interpretación y clarificación de las necesidades, un proceso que puede ser iterativo y complejo.
En esencia, el éxito de un proyecto de software depende en gran medida de la comunicación efectiva entre los desarrolladores y las partes interesadas. Superar la barrera de la falta de claridad en los requisitos es crucial para garantizar que el producto final cumpla con las expectativas y resuelva los problemas para los que fue diseñado.
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