Un análisis de datos recopilados durante más de dos décadas en 70 países revela una clara influencia de la desigualdad de género en los patrones de consumo de antibióticos, según un estudio publicado ayer en la revista Journal of Antimicrobial Chemotherapy.
La investigación, liderada por un equipo de la One Health Trust, examinó datos de IQVIA MIDAS sobre el consumo anual de antibióticos entre los años 2000 y 2002 en 70 naciones. Para evaluar el impacto de las desigualdades de género, se utilizaron cuatro indicadores clave: el porcentaje de mujeres con educación secundaria o superior, la proporción de participación laboral femenina en relación con la masculina, el porcentaje de mujeres en el parlamento y la proporción de población femenina. Se estimaron las asociaciones dentro de cada país entre estos indicadores y el consumo general de antibióticos, teniendo en cuenta factores como los ingresos, el nivel educativo, el acceso a la atención médica, el gasto en salud y las características demográficas.
En promedio, el consumo de antibióticos fue de 19.13 dosis diarias definidas (DDD) por cada 1,000 habitantes, con variaciones significativas entre los países analizados. El estudio encontró que un aumento de un punto porcentual en la proporción de mujeres con educación secundaria o superior se asoció con una reducción de 0.15 DDD en el consumo de antibióticos. Asimismo, un incremento de 0.1 unidades en la proporción de participación laboral femenina se relacionó con una disminución de 2.45 DDD. Por el contrario, un aumento de un punto porcentual en la proporción de población femenina se asoció con un incremento estimado de 2.3 DDD en el consumo.
La representación de las mujeres en el parlamento no mostró una asociación significativa con el consumo de antibióticos.
La educación y la participación laboral fortalecen la conciencia sobre la salud
Los autores del estudio señalan que estos hallazgos resaltan la importancia de las dinámicas de género como un determinante social clave en la susceptibilidad a la resistencia antimicrobiana (RAM).
“Una mayor educación entre las mujeres probablemente mejora la alfabetización en salud, fomenta prácticas preventivas como la atención prenatal y promueve un uso racional de los antibióticos en el hogar”, explican los investigadores. “De manera similar, una mayor proporción de participación laboral femenina refleja una reducción de la desigualdad de género y una mejora en el empoderamiento económico y sanitario de las mujeres.”
En contraste, la relación entre una mayor proporción de población femenina y un mayor consumo de antibióticos podría estar relacionada con mayores necesidades de atención médica debido al embarazo, las infecciones del tracto urinario y la mayor esperanza de vida de las mujeres.
“En general, este estudio aboga por un enfoque multifacético que aproveche los indicadores de género para promover un acceso equitativo a la atención médica, un uso racional de los antibióticos y una mitigación eficaz de la RAM”, concluyeron.
